En estos días grises y azules,
en que las horas se escurren como
suaves gotas de lluvia,
encuentro tu mirada en cada rincón
del pensamiento,
ahí están tus ojos mirándome fijos,
tan grandes y tiernos como casi siempre.
En estos días de cuerpos ajenos
y caricias extrañas,
en cada beso ajeno recuerdo los tuyos,
en cada uno de ellos!
mi espalda sabe que no son tus manos quien la acaricia,
y no es tu cuello donde descansa mi boca,
ni es tu sexo que choca con el mío.
Te extraño en cada pedacito de tiempo,
quisiera poder ahora escuchar tu voz,
o tu risa escandalosa y tonta,
quisiera que tu boca pronunciara mi nombre,
y tus manos insinuaran un abrazo,
y que tus labios buscaran los míos,
como tantas veces.
En estas noches de horas eternas,
mis brazos dibujan aun tu silueta redonda
a un lado de mi cama,
deseando que estuvieras ahí,
confundiendo la ternura de tu piel
con la suavidad de mi almohada.
En estas noches de ruidos ligeros
y ladridos lejanos,
mi pecho aun extraña tu espalda blanca
y mi mano izquierda tu abdomen suave.
Te extraño en cada pedacito de tiempo,
y aunque mis dedos ya no se entrelacen con los tuyos,
mi pensamiento te sigue a cada paso,
en las mañanas de largo despertar,
y en las noches de sábado frente al televisor.
Te extraño ahora
y seguramente lo seguiré haciendo,
hasta que mi cuerpo se acostumbre a tu vacío
o hasta que descanses nuevamente en estos brazos.
