jueves, 26 de diciembre de 2019

Por quién más si no?


           

Por supuesto que es por vos que se desborda mi pluma,
o las teclas de mi computadora debo decir.
Que cuando hablo de la variable de indeterminación,
de la playa de arena blanca,
del desayuno y los viajes,
del cero y de las olas,
del caos y del ritmo de la sangre en mis venas,
es de vos de quien hablo,
que no te quepa duda.

Porque mi vida debes saber,
que en cada abrazo y en cada beso me entrego a ti,
y es tuya para siempre una parte de mí que sólo puede pertenecer a ti.
Claro que me gustas! ni ciego que fuera,
pero no es por eso que beso tu frente tan tiernamente,
no es por eso que te abrazo al dormir,
no es por eso que se funden mis piernas con las tuyas,
no es por eso que hago planes para dos.
Es porque te amo y no me cuesta decirlo.

Y lo más irónico de todo es que antes de vos,
no me gustaban los gatos.

Historias fuera de la ComaRca: Let it be

Barcelona había sido para nosotros un lugar mágico. Desde la comida en La Boquería, la arquitectura y la historia de Gaudí, la imponente Sagrada Familia, el paseo en bicicleta del que ya les hablé, el Camp Nou, la vista impresionante desde Tibidabo, en fin, cada detalle de Barcelona nos cautivó. Sin embargo, no teníamos idea que Barcelona nos tenía reservado una última aventura.


Por recomendación de un amigo, hace tiempo que tengo una de esas tarjetas de crédito que te permiten ahorrar ciertas filas en el aeropuerto e ingresar a las zonas VIP. Nosotros aprovechábamos esto para comer hasta quedar más que llenos y así ahorrarnos algunos euros en un tiempo de comida. Así que esta vez, a diferencia que en Madrid, sí llegamos a tiempo al aeropuerto de Barcelona para esperar el vuelo que nos llevaría a París. Dentro de la zona VIP nuestro cerebro de "ticos" sólo podía pensar en "comida gratis" pero bueno, hay que saber guardar la compostura así que decentemente acudíamos por un plato de comida a la vez, no demasiado cargado, no estábamos en un "todo incluido" después de todo. Luego de haber saciado nuestra hambre nos dedicamos a relajarnos en los cómodos sillones de la sala, revisando fotos como siempre. Después de un rato volví a ver a Jeff:

- "Qué? nos vamos?"
- "Vamos" dijo.

Eran alrededor de las 2:50pm cuando caminábamos rumbo a la compuerta de nuestro vuelo. En una de las áreas comunes del aeropuerto había un piano público, osea que cualquier pasante podía sentarse y tocar alguna melodía. Desde Enero que había empezado a recibir clases de piano y era el momento perfecto para tocar la única canción que en ese momento me sabía: "Let it be" de Los Beatles. Había una persona tocando el piano, pero no teníamos reparo en esperar un rato con tal de poder tocar una canción en Barcelona, valía la pena esperar. En mi mente, nuestro vuelo salía a las 3:45pm así que contábamos con suficiente tiempo. Recuerdo que Jeff me dijo:

- "Esperemos hasta las 3pm y si la persona no ha terminado pues nos vamos, ni modo"

Yo accedí. Nos quedamos en silencio por un par de minutos escuchando al hombre del piano. De pronto un escalofrío corrió por todo mi ser. Debió ser algún mecanismo de alarma de mi cerebro, que generalmente no es bueno para esas cosas, sentí la urgencia de revisar el boleto de avión en mi teléfono y fue cuando lo vi:

"Hora de salida 3:10pm"


Eran casi las 3pm y nosotros contemplando pacientemente al pianista, como quien tiene todo el tiempo del mundo!

-"Mae el avión sale en 10 minutos!!" dije.

Empezamos a correr como a quienes persigue La Llorona. Para empezar, no sabíamos cuál nuestra compuerta de embarque así que a medida que corríamos yo trataba de leer las pantallas digitales del aeropuerto para saber hacia dónde teníamos que correr exactamente.
Allá iban dos ticos en Barcelona, corriendo porque como buenos ticos, íbamos tarde mientras por los altavoces Air France anunciaba la última llamada para el vuelo 1649, nuestro vuelo...


Cuando llegamos al fin a nuestra compuerta, notamos que aún la puerta del avión estaba abierta. Escaneamos nuestros boletos y caminamos por el túnel que conducía al avión. Yo estaba completamente bañado en sudor por la maratón que acabábamos de correr. De nuevo y por nuestra culpa, casi perdemos el avión. Cuando por fin nos sentamos, volví a ver a Jeff y le dije:

- "Esto no puede seguir pasando"

Historias fuera de la ComaRca: Adiós Barcelona




Habíamos recorrido Barcelona con más paciencia que Madrid. En La Boquería, habíamos probado comida única y deliciosa, pinchos de carne de canguro y los mariscos más frescos que he probado hasta hoy. Disfrutamos de los juegos mecánicos en Tibidabo y tomamos uno de los chocolates calientes de los que ya hablé. Fuimos al Camp Nou para tomar el tour y aunque estuvo genial debo decir que el Bernabeu me gustó más. Habíamos ido a los lugares que de verdad queríamos ir. Ya en nuestro último día en la ciudad, nuestro vuelo fuera de Barcelona era en horas de la tarde así que dedicamos la mañana para alquilar un par de bicicletas y recorrer Playa de la Barceloneta. Justo el día anterior habíamos estado ahí y creo que nos gustó tanto que quedamos con ganas de más.

Empezamos nuestro paseo cerca del Hotel W Bacelona, el que según Norma tiene forma de pene. El día tenía el clima ideal, el Sol no quemaba y soplaba una brisa fría que nos refrescó todo el tiempo. De vez en vez hacíamos una parada para tomar fotos y disfrutar del paisaje de playa que se rendía ante nosotros. Yo llevaba el teléfono puesto con una lista de Spotify de Salsa clásica, así que recorrimos la orilla de playa acompañado de Eddy Santiago, Rey Ruiz, Jerry Rivera y otros.



         


Las 3 horas de paseo se nos hicieron realmente cortas, pero ya era hora de volver. En Madrid la habíamos pasado bastante mal de camino al aeropuerto y no queríamos que eso se repitiera, así que fuimos a devolver las bicicletas, regresar al cuarto, alistar nuestras cosas e irnos. Sin mayor suceso llegamos al aeropuerto, nada podía ser más perfecto, al menos eso pensamos hasta que...

lunes, 16 de diciembre de 2019

Historias fuera de la ComaRca: Chanquete ha muerto



Semanas antes de nuestro viaje, estuve obsesionadamente viendo una serie por Youtube. Verano Azul es una serie española que mis hermanos y yo veíamos de niños y que esperábamos ansiosamente frente al televisor. Trata de un grupo de amigos que van a vacacionar a las playas de Costas del Sol, España. Allí se dedican a vivir muchas aventuras y a hacer diferentes travesuras. Volver a ver la serie fue revisitar los tiempos de mi niñez y eso es algo que me gusta mucho hacer.

Para cuando era tiempo de irnos de viaje, aún me quedaban algunos capítulos por ver así que tuve que terminar de verlos en Madrid. Ahora, quien me conoce un poco sabe que soy una persona muy sensible y el capítulo en que Chanquete muere caló muy hondo en mí, aunque ya sabía que eso iba a suceder. Pero sucede que siempre que observamos algo después de la primera vez, empezamos a notar cosas que no notamos antes. Es como ver el Sexto Sentido por segunda vez, empiezas a notar los detalles…

Pues de igual manera viví la muerte de Chanquete esta segunda vez. En la escena en que el ataúd va descendiendo a la tierra y los chicos tiran flores, suena de fondo una canción que hasta la fecha me eriza los pelos. Esa canción es “El Adios” de Amigos de Gines. Desde la mañana siguiente empecé a tararear esa canción en todos los lugares y en todos los momentos: en la ducha, durante el desayuno, en el metro, en la fila de seguridad del aeropuerto, en los museos… Mas o menos al segundo día de andar con la canción clavada en la mente, finalmente Jeff se atreve a preguntar:

      “Mae qué es esa canción que anda cantando desde hace días?

Debo suponer que no me lo había preguntado antes por cortesía. Le conté la historia detrás de la canción, que hasta ese momento más que una canción era un castigo para él. Le mostré la canción entonces. A la mañana siguiente, éramos ahora los dos que andábamos con la canción clavada en la cabeza. Si nuestro viaje tuviera soundtrack, ese tendría que ser el tema principal sin duda. La canción nos acompañó en los canales de Venecia, durante el viaje en carro en las costas de Portugal, en las salas de los aeropuertos y también nos acompañó hasta el último día del viaje en Madrid, justo donde todo había empezado.

Sin más preámbulos, acá el video del entierro de Chanquete.


        


Durante nuestro viaje en carro en Portugal, recorriendo las ciudades de Cascais y Sintra:

         

Y acá el video que hicimos en nuestro último día de viaje en Madrid:


        

Y a todo esto, yo sigo esperando que Chanquete esté en el fondo del Mar como dijo Julia. Hablando con Spencer Tracy (referencia a la película “Capitanes Intrépidos”).

Historias fuera de la ComaRca: Gustavo cioccolato!!!


Luego de arribar a Madrid, uno de los lugares que quisimos conocer fue el Estadio Santiago Bernabeu así que como siempre, Google nos indicó el camino. Nuestra intención al llegar era poder realizar el tour dentro del estadio pero nos tomó por sorpresa saber que justo ese día el Real Madrid jugaba de local contra uno de los equipos bajos de la tabla del que honestamente no recuerdo el nombre. De tal manera que compramos tiquetes para el partido, sólo teníamos que esperar un par de horas para el inicio. Así que para matar el tiempo y el hambre, nos fuimos a una cafetería cerca del estadio llamada: Rodilla.




Desde hace ya mucho tiempo que dejé el café y las gaseosas así que no dudé en pedir un chocolate caliente, Jeff por su lado pidió un café. Aprovechamos para vaciar nuestras vejigas, luego nos sentamos esperando nuestra orden mientras repasábamos las fotos que habíamos tomado conociendo Madrid ese mismo día. Cuando el chocolate arribó a la mesa, venía con una cuchara pequeña, lo que me pareció raro.

"Quién toma chocolate con cuchara!?” pensé.

Así que dejé la cuchara a un lado y me dispuse a tomar directo de la taza. Pero el chocolate era muy difícil de tomar. Tenía una consistencia tan densa que el chocolate simplemente no fluía. Entendí entonces la razón de la cuchara. Una vez que lo probé por primera vez, no pude parar. A punta de cucharaditas me tomé todo el chocolate, no sin antes compartir un poco con Jeff. Aquél chocolate en Madrid fue lo mejor que he probado, mis sentidos estaban simplemente extasiados con él, desde su textura, pasando por su olor y terminando en su sabor.






Durante el resto de nuestro viaje por Europa, me dediqué a pedir siempre un chocolate caliente para saber si acaso existía un chocolate mejor que el de aquél día en Madrid. Para cuando llegamos a Roma ya me había tomado al menos unas 15 tazas de chocolate caliente. Una noche a eso de las 9pm, salimos a caminar y conocer los alrededores de Roma. Llegamos a una cafetería que, por lo que notamos, estaba a punto de cerrar. Uno de los camareros nos recordó mucho a uno de los miembros de Les Luthiers y parecía que estaba justo terminando de limpiar la máquina del chocolate porque lucía como nueva. Fue a él a quien me dirigí:

-“Mi scusi signore, per favore un cioccolato”.

El tipo me volvió a ver justo como quien tiene de pronto ganas incontenibles de cometer un asesinato. Entonces se dirigió a uno de sus colegas:

-”Gustavo cioccolato!!!” haciendo el típico ademán con las manos que caracteriza a los italianos, y empezó a vociferar una serie de quejas en italiano de las que claramente no entendimos nada, sin embargo supongo que debió ser algo así como:

Gustavo! estos dos desgraciados quieren tomarse un chocolate a las 9pm justo cuando estamos por cerrar y yo acabo de limpiar la máquina, qué hijos de puta!





En lugar de incomodarnos con la situación, no pudimos contener la risa. Esa noche y por el resto del viaje, nos reímos a carcajadas cada vez que nos acordábamos de aquél camarero enfadado con cara de Les Luthiers, teniendo que limpiar la máquina de nuevo por culpa de aquél primer chocolate caliente que había tomado en Madrid.

Ahora, cada vez que alguien nos pide algo que consideramos absurdo o fuera de lugar siempre reaccionamos así:
-“Gustavo cioccolato!!!” con el mismo ademán de manos.

Ptda: El chocolate caliente de Madrid sigue siendo el mejor.