Barcelona había sido para nosotros un lugar mágico. Desde la comida en La Boquería, la arquitectura y la historia de Gaudí, la imponente Sagrada Familia, el paseo en bicicleta del que ya les hablé, el Camp Nou, la vista impresionante desde Tibidabo, en fin, cada detalle de Barcelona nos cautivó. Sin embargo, no teníamos idea que Barcelona nos tenía reservado una última aventura.

Por recomendación de un amigo, hace tiempo que tengo una de esas tarjetas de crédito que te permiten ahorrar ciertas filas en el aeropuerto e ingresar a las zonas VIP. Nosotros aprovechábamos esto para comer hasta quedar más que llenos y así ahorrarnos algunos euros en un tiempo de comida. Así que esta vez, a diferencia que en Madrid, sí llegamos a tiempo al aeropuerto de Barcelona para esperar el vuelo que nos llevaría a París. Dentro de la zona VIP nuestro cerebro de "ticos" sólo podía pensar en "comida gratis" pero bueno, hay que saber guardar la compostura así que decentemente acudíamos por un plato de comida a la vez, no demasiado cargado, no estábamos en un "todo incluido" después de todo. Luego de haber saciado nuestra hambre nos dedicamos a relajarnos en los cómodos sillones de la sala, revisando fotos como siempre. Después de un rato volví a ver a Jeff:
- "Qué? nos vamos?"
- "Vamos" dijo.
Eran alrededor de las 2:50pm cuando caminábamos rumbo a la compuerta de nuestro vuelo. En una de las áreas comunes del aeropuerto había un piano público, osea que cualquier pasante podía sentarse y tocar alguna melodía. Desde Enero que había empezado a recibir clases de piano y era el momento perfecto para tocar la única canción que en ese momento me sabía: "Let it be" de Los Beatles. Había una persona tocando el piano, pero no teníamos reparo en esperar un rato con tal de poder tocar una canción en Barcelona, valía la pena esperar. En mi mente, nuestro vuelo salía a las 3:45pm así que contábamos con suficiente tiempo. Recuerdo que Jeff me dijo:
- "Esperemos hasta las 3pm y si la persona no ha terminado pues nos vamos, ni modo"

Yo accedí. Nos quedamos en silencio por un par de minutos escuchando al hombre del piano. De pronto un escalofrío corrió por todo mi ser. Debió ser algún mecanismo de alarma de mi cerebro, que generalmente no es bueno para esas cosas, sentí la urgencia de revisar el boleto de avión en mi teléfono y fue cuando lo vi:
"Hora de salida 3:10pm"
Eran casi las 3pm y nosotros contemplando pacientemente al pianista, como quien tiene todo el tiempo del mundo!
-"Mae el avión sale en 10 minutos!!" dije.
Empezamos a correr como a quienes persigue La Llorona. Para empezar, no sabíamos cuál nuestra compuerta de embarque así que a medida que corríamos yo trataba de leer las pantallas digitales del aeropuerto para saber hacia dónde teníamos que correr exactamente.
Allá iban dos ticos en Barcelona, corriendo porque como buenos ticos, íbamos tarde mientras por los altavoces Air France anunciaba la última llamada para el vuelo 1649, nuestro vuelo...
Cuando llegamos al fin a nuestra compuerta, notamos que aún la puerta del avión estaba abierta. Escaneamos nuestros boletos y caminamos por el túnel que conducía al avión. Yo estaba completamente bañado en sudor por la maratón que acabábamos de correr. De nuevo y por nuestra culpa, casi perdemos el avión. Cuando por fin nos sentamos, volví a ver a Jeff y le dije:
- "Esto no puede seguir pasando"