Es esta maldita costumbre mía de
confiarte la vida, a la que me refiero,
que después vos de haberme asesinado
y comido mi corazón sangrando
he vuelto a caer en tus besos
y he vuelto a dormir en tus brazos
y aun peor,
que sintiendo el dolor vivo en mi
pecho,
disfruto del néctar que derrama tu
cuerpo.
Como Sísifo, cegado y con el cuerpo
destrozado
me he dado a la tarea de seguir amándote
incesantemente
como si el infinito fuera un tiempo
corto,
y esta piedra liviana,
como si no te odiara tanto como te
amo,
por no poder dejar de amarte.
No es culpa tuya es culpa mía,
que esta vida se me escurra por el
desagüe,
como lo hacen mis sueños en tu cama
y estas lágrimas en la almohada.
