*** Una de tantas historias robadas por mí. No es mi culpa si las dejan tiradas por ahí para que cualquiera se la robe. Y no es que la haya visto primero, es sólo que tengo la mailicia ***
Y he nos aquí cuarto de siglo después,
adolecentes vueltos viejos,
y ni por un momento dejé de
pensarte,
ni vos tampoco, aunque sé que lo
intentaste,
quizá lo intentaste demasiado bien.
Te odié cuando supe que te habías
casado,
pero no te odié porque te casaras,
sino porque no lo hiciste conmigo.
Fui yo quien tuvo que haber dado el “SI”,
y eran mis labios los que debiste haber
besado ese día.
Hice mi vida y vos la tuya,
aunque eran tus manos las que
ansiaba mi cuerpo,
y era tu nombre que susurraba bajo
mi almohada.
Siempre fuiste vos, siempre vos!
Desde entonces la vida fue desabrida
como nunca antes,
y siempre tu recuerdo volvía a mí,
incluso intenté escribirte alguna
vez
y me despreciaste,
no te culpo,
lo tenías que hacer.
Años más tarde descubro que la vida
nos ha tomado por juguetes,
porque vuelvo a encontrarte,
y no existe coincidencia en este
encuentro.
Y ahora que estamos los dos aquí,
en este parque,
déjame darte el abrazo más largo,
no por lo que dure el abrazo,
sino por el tiempo que he esperado
para dártelo.
Siempre supe que volvería a ti,
como vos a mí.
Y aunque nadie pueda verlo,
para mí no puede estar más claro:
sos todas las cosas que uno espera
del amor,
desde lo más pequeño hasta lo más
grande.
Y he nos aquí cuarto de siglo
después,
sentados en este parque,
con la certeza de saber,
que nunca es tarde para intentar ser
feliz.
