miércoles, 31 de diciembre de 2025

Fantasmas

 





Nos amábamos en las mañanas y en las noches también. A la hora del almuerzo la iba a recoger para amarnos un rato más. Nos amábamos antes de la cena y después de lavar los trastos. Así pasaron años, no sé cuántos. Planchábamos arrugas amándonos. Fuimos siempre novios, aunque estuvimos casados cuarentaisiete años.

Cuando ella enfermó y ya no se acordaba de mí, sólo yo la amaba y con eso nos bastó a los dos. Cuando falleció, sólo la amé más. Amaba su recuerdo, el nuestro. Amaba todo lo que fuimos. Cuando yo morí, la encontré de nuevo en esta casa, en una esquina esperando por mí, lúcida como cuando la recogía del trabajo al medio día.

No sé quién vive aquí ahora, pero nosotros nos seguimos amando en el aire y entre las paredes que ya no nos detienen. Fuimos libres siempre pero ahora ya el tiempo no nos gobierna y nuestros cuerpos no se pudren.


jueves, 18 de diciembre de 2025

Martha



 

Jueves en la noche y él deambula por las calles de la ciudad. Había llovido, las calles tienen ese olor característico del asfalto cuando ha sido víctima de un aguacero. Un letrero a medio encender lo seduce a entrar en aquel lugar, y lo hace. Las luces del lugar apenas iluminan las mesas redondas y un hombre al fondo acaricia tan libre como suave las teclas de un piano de cola. Se sienta y pide un wisky en las rocas, como para fundirse con la atmósfera y aparentar ser alguien que quizá no sea. El humo de los cigarrillos crea un ambiente místico del que irremediablemente ahora él es parte también. Por las escaleras a un lado de la barra baja aquella mujer con su vestido negro y sus pendientes de cristal. Un escote al frente deja entrever su amplio pecho y otro a un costado devela la hermosa longitud de sus piernas. El vestido ajustado devela su grande cuerpo sensual, su caminar es fuerte pero delicado. Todo aquello parece una escena sacada de alguna película de Hollywood, quizá lo es. Él se levanta de aquella mesa y se dirige a la barra donde ella se ha sentado ya. Pide al cantinero que llene su vaso y agregue más hielo. Mientras lo hace, él la vuelve a ver, como sintiéndose Humphrey Bogart, si tuviera un sombrero de copa seguro lo usaría de lado. Ella lo mira de vuelta mientras exhala por unos segundos el humo de un cigarrillo con filtro. Luego de una charla ligera sobre el pianista y el lugar, él se ha dado cuenta de que la desea. La lluvia y el letrero han sido sólo cómplices para encontrarla a ella. Por la misma escalera de antes siguen bajando mujeres, algunas acompañadas del brazo por algún caballero, otras solas. No lo sabía al entrar en aquél lugar, pero no ha tardado mucho en darse cuenta de que sus posibilidades acaban de subir estrepitosamente. Sus gestos y la forma en la que bebe su whisky son ahora más sugerentes, ella parece responder al baile de este macho en pleno ritual de apareamiento. Él levanta una ceja en su dirección, ella responde con el mismo gesto. Él sugiere conocer el segundo piso con ella. Ella sonríe de lado mientras acaricia su mano. Él le dice su nombre y pregunta el de ella.

 -    Me encantaría acompañarte al segundo piso. Me llamo Martha pero debes saber antes de subir, que al desvestirme seré simplemente Marcos.