
Jueves en la noche y él deambula por las calles de la
ciudad. Había llovido, las calles tienen ese olor característico del asfalto
cuando ha sido víctima de un aguacero. Un letrero a medio encender lo seduce a
entrar en aquel lugar, y lo hace. Las luces del lugar apenas iluminan las mesas
redondas y un hombre al fondo acaricia tan libre como suave las teclas de un
piano de cola. Se sienta y pide un wisky en las rocas, como para fundirse con
la atmósfera y aparentar ser alguien que quizá no sea. El humo de los
cigarrillos crea un ambiente místico del que irremediablemente ahora él es
parte también. Por las escaleras a un lado de la barra baja aquella mujer con
su vestido negro y sus pendientes de cristal. Un escote al frente deja entrever
su amplio pecho y otro a un costado devela la hermosa longitud de sus piernas.
El vestido ajustado devela su grande cuerpo sensual, su caminar es fuerte pero
delicado. Todo aquello parece una escena sacada de alguna película de
Hollywood, quizá lo es. Él se levanta de aquella mesa y se dirige a la barra
donde ella se ha sentado ya. Pide al cantinero que llene su vaso y agregue más
hielo. Mientras lo hace, él la vuelve a ver, como sintiéndose Humphrey Bogart,
si tuviera un sombrero de copa seguro lo usaría de lado. Ella lo mira de vuelta
mientras exhala por unos segundos el humo de un cigarrillo con filtro. Luego de
una charla ligera sobre el pianista y el lugar, él se ha dado cuenta de que la
desea. La lluvia y el letrero han sido sólo cómplices para encontrarla a ella.
Por la misma escalera de antes siguen bajando mujeres, algunas acompañadas del
brazo por algún caballero, otras solas. No lo sabía al entrar en aquél lugar,
pero no ha tardado mucho en darse cuenta de que sus posibilidades acaban de
subir estrepitosamente. Sus gestos y la forma en la que bebe su whisky son
ahora más sugerentes, ella parece responder al baile de este macho en pleno
ritual de apareamiento. Él levanta una ceja en su dirección, ella responde con
el mismo gesto. Él sugiere conocer el segundo piso con ella. Ella sonríe de
lado mientras acaricia su mano. Él le dice su nombre y pregunta el de ella.
- Me encantaría acompañarte al segundo piso. Me llamo
Martha pero debes saber antes de subir, que al desvestirme seré simplemente
Marcos.