viernes, 29 de abril de 2011

El mundo detrás del espejo



Me gusta a veces pensar que existe otro mundo detrás del espejo,
de igual cantidad pero de calidad sobresaliente.
Con las mismas personas y los mismos escenarios,
pero con mentalidad diferente.

En el mundo detrás del espejo,
las personas son primero amigos,
primero padres y madres,
soñadores y hacedores,
y allá de ultimo, casi al final del día, empresarios.

La calidad de vida es una norma,
la economía no es una dictadura
sino una lista de consejos
para disfrutar la misma vida de alguna forma.

La justicia se despoja de su venda,
los abogados están en banca rota,
las salas de juicio son casas abandonadas
y las cárceles son museos.

El interés común es el común interés de los políticos,
los países no se declaran la guerra,
por que practican tolerancia.

El amor no es ni una moda ni una condena de vida,
los abrazos los regalan a la vuelta de la esquina,
y a los amigos los encuentras en la calle.

Facebook es un fracaso,
las redes sociales son redes antisociales,
las personas no han renunciado al tacto,
y los parques llenos están siempre de gente.

Al casado ya se lo cogió el tren,
el matrimonio no es una obligación
sino una elección,
la gente se casa por amor y no para no estar solos,
o para huir de casa.

Los amigos son hermanos
y los hermanos amigos,
la traición es un mito
y la confianza un estilo de vida.

No existen prejuicios,
la burla y el desprecio fueron erradicados,
no hay dedos señaladores,
no existen personas de mente abierta,
solo existen personas con mente.

La educación es incluyente,
el trabajo también lo es,
las oportunidades son, realmente,
para quien quiera,
y no solo para quien pueda servirse de ellas.

Me gusta a veces pensar que existe otro mundo detrás del espejo,
donde los acontecimientos cotidianos,
nos devuelvan un poco de humanidad,
nos alimenten la esperanza de cambio,
nos recuerden que un mejor mundo es posible,
mientras que en este lado del mundo,
algunos siguen tratando de crear conciencia,
de traer a memoria la sensibilidad y la belleza,
de tener la valentía de mostrarnos nuestro podrido reflejo.

Ucronía: Parte final

De camino a casa en el taxi,
las manos juguetonas se rozan,
son la antesala de las caricias.
Sin poder contener el instinto de mis emociones,
empiezo a derramar besos y caricias sobre su cuerpo,
mientras la mirada curiosa del taxista por ratos espía en el retrovisor.

Una vez en casa y sobre la cama,
hacemos de los besos un único lenguaje,
de los gemidos una clara invitación al placer,
y con la ropa a un lado,
ofrecemos los cuerpos al libertinaje.
Nuestros sexos húmedos y en contraposición,
se encuentran y se entregan a la batalla,
como dos masas que chocan y se estremece la tierra.
Es entonces que en la cúspide de nuestras sensaciones corpóreas,
derramo mi gracia dentro suyo,
como un jardín escondido regado por la lluvia.

Los exhaustos músculos difunden sus últimas convulsiones,
las puntas de los pies estirados a mas no poder,
luego, como en un carrusel,
las sensaciones se precipitan hacia el suelo,
los cuerpos se relajan, se separan y volvemos  a ser humanos.
De un beso venimos y con un beso terminamos.

martes, 26 de abril de 2011

Ucronía: II Parte

Sin que importe el tema desahogo por fin mis ganas de conversar,
tratando de ocultar al mismo tiempo el terremoto en mis manos.
Mientras que de su boca expulsa aromas en forma de palabras,
yo escarbo un poco mas hondo y voy fijándome en sus gestos,
es entonces que estudio el movimiento de sus labios al hablar,
y percibo el jugueteo de sus dedos sobre la mesa.
Cautivadora es la forma que tiene de apoyar el mentón sobre sus manos,
inclinando la cabeza a sesenta grados exactos,
para escuchar lo que tengo que decir.

Siempre me ha gustado la complicidad que provoca la luz de una vela,
pero es solo ahora que aprecio su desabrida simpleza,
sino no la veo reflejada en sus ojos,
esos ojos ahora amarillos que me recuerdan el sol,
no por su color sino por su calidez y su fuerza.
Su mirada me penetra como una flecha,
y sin armadura ni protección,
mis sentidos quedan clavados en su presencia.
El tono de su voz es fiel reflejo de la ternura de su rostro,
y es esa ternura la que alimenta mis ganas de acariciarla.

Mientras que entre trago y trago se nos gasta la noche,
voy pensando en la forma certera de plantear la pregunta.
Sin ninguna otra excusa que el nacimiento del sol,
disparo a quemarropa y ella contesta que si.
El furioso volcán de mis emociones explota dentro de mí,
y la ilusión no encuentra disimulo en la expresión de mi rostro.

miércoles, 20 de abril de 2011

Ucronía: I Parte

Me despierto,
es entonces que abro los ojos,
el dolor de cabeza me recuerda lo que hice ayer
y a que horas he regresado hoy.
Cierro los ojos y extiendo las manos,
creyendo que así se hará más leve la resaca.
El día se me escapó de la vida, por que nunca lo vi pasar,
me duermo de noche y de noche despierto.
Recuerdo que hoy es noche de Trova en el bar,
por desayuno un café y me entrego a la labor.
Después de un rato, descalzo y con frío camino al baño,
los mejores diez minutos de cuando estoy en casa.
Guitarra al hombro salgo a la calle,
en el bus no hago mas que mirar por la ventana
sin saber, ni mucho menos importarme que la gente me mira.
Creo reconocer a alguien hasta el frente,
pero una segunda mirada me niega la posibilidad de una conversación.
Llega mi parada y me levanto incómodo.
Sorteando un mar de gente, repartiendo disculpas y recibiendo miradas,
logro llegar a la puerta trasera del bus.
Camino por un rato solo para volver a  repetir la aventura.

Llega la noche y por fin la hora de la tarima,
si así se le puede llamar a ese rincón con banquito.
Las mariposas siempre revolotean por mas que se ha estado ahí antes.
Comienzo mi rutina, entre coros, chiflidos y el ruido de la calle,
logro reconocer una cara antigua,
ya una vez había mirado esos ojos,
y hasta me parece que esa boca jugó alguna vez con la mía.
Con empeño renovado acaricio mi guitarra,
dejando entrever que tengo manos expertas en el arte del roce.
Apurado, derramo el último acorde,
alguno que otro aplauso y heredo mi lugar.
Es entonces que como agua entre los dedos me escurro hacia ella,
mis ojos como una ventosa se fijan en los suyos y recito un beso (en la mejilla).

lunes, 4 de abril de 2011

Búsqueda


Es como un carrusel esto de encontrarse a uno mismo,
mas bien dicho de buscarse.
En el intento por decir lo que siento y lo que pienso se me gastan los días.
Es una masa esto de aglomerar ideas y pensamientos,
sentimientos, caras, cuerpos, personalidades, hechos y noticias,
y tratar de hacer de todo esto una opinión o al menos algo que se le parezca.
Si pudiera hacer algo tan simple como decir lo que pienso
y que además se me entendiera…
Si pudiera con palabras dejar plasmados mis sentimientos,
sin importar si hacen o no eco.
Entonces podría ser más yo mismo,
compartirme, hacerme sentir, dejarme caer hacia atrás.

Casi siempre nunca entiendo por que me es tan importante
describir los rincones de mi cabeza con palabras,
sea o no que despierten emoción… o algo que se le parezca.
Dibujarme con letras resulta cada vez mas necesario,
aunque de las musas ni siquiera el rastro he llegado a ver,
ni sus caricias he llegado a sentir
y mucho dudo que sepan mi nombre.

En el intento de darme a los demás me encierro en laberintos,
los laberintos que construyo con cada paso hacia delante.
En sus paredes cuelgan retratos de gente que me enseña de amor,
en el suelo pedazos de poemas a medio terminar,
ideas a medio escribir, besos prisioneros y caricias encadenadas.
Quiero tanto hablar de todos ellos… y no puedo.

Cuando algún pensamiento prófugo escapa a la realidad,
debe darse a la tarea de combatir contra el resto del mundo.
Y aunque a veces encuentro aliados,
seguimos aun siendo pocos,
como pocas las maneras que encuentro para darme a entender.

Sin embargo sigo haciendo
en papel y con lápiz: mi labor,
De la pasión: un deber,
y de los sueños: un futuro alcanzable,
para seguir creyendo que un mejor mundo es posible.