viernes, 30 de enero de 2015

En estos días de Enero


En estos días de enero,
tu boca decidió salir a  besar otras bocas,
y tu sexo ansiaba otros sexos,
otros cuerpos compatibles
que mejor se adapten a tus formas,
y yo que siempre pensé que se trataba de mí…

Es normal debo suponer,
anda y besa, anda y ama.
Intenta amar a tanque lleno esta vez,
que te alcance para llegar al final.

Yo seré tu amigo,
el de siempre,
el que reviente de celos cuando lo vea besándote,
el que muera por estar en sus zapatos mientras  lo abrazas.
Me tocará ser el amigo que se ría y te palmee la espalda.

Yo llegaré a besar otros labios eventualmente,
aunque seguro desearé que sean los tuyos,
y sea tu lengua que se enrede con la mía,
aprenderé a disimular…

Está bien no pasa nada!
sólo tenía que ponerlo en papel,
para dejarlo atrás
y que no estorbe mientras camino.

martes, 27 de enero de 2015

Ana (Parte final)


Esta es su carta. Ocho años han pasado ya desde la promesa. La abraza contra su pecho mientras mira hacia la nada con los ojos apunto de soltar una lágrima, que termina finalmente por caer vencida ante la gravedad, para rodar por su mejilla izquierda.

Es un niño recién nacido la carta de sus manos, Ana la abre cuidadosamente: “19 de Diciembre de…” empieza la carta; y Ana acaricia las palabras mientras las va leyendo. Mil caras tiene su rostro a medida que continúa su marcha hacia la última gota de tinta seca.
Cuando Ana termina su carta, hay algo que se desprende dentro suyo, es hasta ahora que nota el peso que ha estado cargando todo este tiempo atrás.

Vendrá a casa, por fin sucederá, mas o menos seis meses a partir de hoy. A dar vuelta al reloj de arena y empezar de nuevo la espera, otra espera, una espera diferente, una espera como no la ha conocido antes, una espera que terminará por morir.

lunes, 26 de enero de 2015

Llevemos la fiesta en paz...

Deberíamos dejar de hablar,
si no podemos hacerlo en paz,
ni siquiera el silencio vale la pena,
si tus gestos no cesan de hablar.

Y no es que no hagan falta las palabras,
es solo que no valen la pena…
Tus palabras y las mías no se entienden,
entendamos eso de una vez…

Bandera blanca y propongo una tregua,
metamos todo en una caja,
y abrámosla después,
durante tiempos de paz.

No quiero reprochar ni ser reprochado.
No quiero acusar ni ser acusado.
No quiero herir ni ser herido,
sobre todo cuando no vale la pena,
y cuando resulta mas cansado
que un simple abrazo.

lunes, 19 de enero de 2015

Ana (Parte II)


Quien ve a Ana diría que miles de ráfagas cargadas de pasado golpean su cabeza, sin embargo, su mente está en blanco y su rostro también, como una nube en un día soleado, como blancas quedan las páginas de los miles de libros que nunca se escribieron.

Inmóvil, con un puñado de papeles en sus manos y de pie frente a su casa, Ana ha quedado atrapada en la infinita inmensidad de ese instante y el mundo la contempla. A lo lejos, el sonido de un timbre la trae de regreso, hay niños en la calle jugando ya y para todos por igual, el día será un segundo más largo hoy.

Ana no lo sabe porque no lo nota, pero su caminar de regreso al interior de la casa es perturbador, como el boxeador desorientado que vuelve a su esquina. Cierra la puerta detrás suyo y se sienta en el banco del comedor. Ahora en sus manos descansa aquel pedazo de papel que es mas que un pedazo de papel, es vida y es muerte, es risa y es llanto, es esperanza y es olvido.

martes, 13 de enero de 2015

La inmediatez de este instante


Una explosión millonaria de átomos en mi cabeza,
la vaga silueta de su imagen,
la vida comprimida en el instante
en que la luz vuelve a mí.

Solo el hemisferio derecho de mi cerebro
logra responder a la inmediatez de este instante,
como si no existieran las palabras,
y los libros y la poesía fueran un aroma.

El agua no cae más de las cataratas,
y la luz de los cometas es perpetua,
no hay movimiento en la respiración del mundo,
está contenido en esta capsula infinitesimal.

De todas las notas que existen,
sólo una cabe en este instante,
un “Mi menor”
con el que empiezo y termino en mí mismo.

miércoles, 7 de enero de 2015

Ana (Parte I)


Cuando Ana se puso sus pantuflas esa mañana,  no imaginaba que la carta le esperaba ya metida en el buzón. Bajó las escaleras y tomó un café, cómo todas las mañanas de fin de semana, cuando el trajín por salir de casa no le obliga a desayunar en la oficina.

En fin, mira por la ventana mientras sorbea su café. No le lleva mucho tiempo notar que el cartero ha pasado por su casa. Con cierta tensión en el pecho sale a revisar el correo. Entre recibos, publicidad y cuentas por pagar ve su carta, le toma por sorpresa aunque es la que ha estado esperando. Por un momento su respiración se detiene, el mundo también.