miércoles, 10 de agosto de 2011

A quien corresponda





Dedicatoria: al cielo, por ser mi cielo











Me tacharon que escribo con dedicatoria, 
pues este va a quien corresponda.
Ya lo he dicho antes y no se por que no se me entiende,
que esta manía mía de seguir escribiendo
es algo mucho mas complejo que compartir un comentario,
si fuera esa mi intención me conformaría con
ponerlo en facebook,
esperar un comentario de vuelta,
y unos cuantos pulgares arriba
para sentirme mejor conmigo mismo.

Supongo que mientras siga escribiendo,
habrá gente que siga leyendo solamente con los ojos.
Para mi, escribir es una búsqueda hacia dentro,
una búsqueda para saber quien soy en cada faceta.
Me interesa mucho saber quien soy,
pero me intereso mas por saber quien no soy,
quizá a eso se deba mi sentido crítico.

Puedo hablar del azul del cielo,
pero el cielo quiere que hable de lo negro,
su verdadero color,
pero yo no puedo escribir sobre aquello
que no perciben mis sentidos,
será mejor que el cielo me muestre su negrura
si quiere que hable en términos de negro.

Cada vez que hablo del “azul”,
el cielo cree que hablo de él,
y mientras yo voy pensando en el azul de mis zapatos,
el cielo cree que le clavo una flecha en el corazón,
eso me pasa por no saber escoger las palabras,
o mejor dicho,
por escribir las palabras que he escogido.

Como no va a ser mi escritura una búsqueda,
si se me sigue malinterpretando en cada verso?
sigo en busca de las palabras,
sigo en búsqueda de mi mismo,
será que esa búsqueda es muy humana,
 y por eso se confunde con las demás.

Al cielo le digo que siga siendo cielo,
tiene la ventaja al menos de saber quien es,
yo mientras tanto en medio de la búsqueda,
seguiré dedicándome al papel.
No te enojes cielo, si hablo del azul
o si escribo con tinta azul,
es de mi y de mis luchas que escribo,
de mi y de mi pobre percepción del mundo.

lunes, 8 de agosto de 2011

La decisión de la indecisión


Siento a veces que la modernidad,
el ritmo de la sociedad,
la ciudad, los carros, las bocinas,
los asuntos personales, la decisiones,
los compromisos, el diario vivir,
todos ellos se confabulan para joderme la vida,
y me asfixian entre todos,
el ritmo incesante de vivir cada día
es un taladro que perfora la tranquilidad.

Cuando fuimos niños nada de esto sucedía,
los días eran cortos y las noches largas,
a diferencia de hoy, que es todo lo contrario.
Llegamos a casa después de un largo día de trabajo,
esperando poder descansar para repetir la rutina
cuando amanezca otra vez.
Pero entre el trabajo y el descanso
hay que sacar tiempo para estudiar, amar,
conversar, cocinar, criar, en fin,
la vida se nos gasta llenando todos esos espacios
de tiempo con acciones y decisiones a cada instante.

Como en una batalla,
las decisiones vienen como balas,
algunas veces tratamos de esquivarlas,
y algunas otras hay que recibirlas.
De una forma u otra,
vamos tomando decisiones, sin saber exactamente
si son buenas o malas,
pero esperamos que el tiempo algún día
nos muestre sus verdaderos rostros.

Lo mas difícil de vivir con el sol,
es no poder darse uno mismo,
tener esa sensación de miedo constante,
que te hace dudar a cada paso.
Ese miedo te va carcomiendo el alma desde la orilla,
va uno postergando decisiones,
no por procrastinación, sino por indecisión,
decisiones que tarde o temprano tendrá uno que tomar,
o que quizá nunca llegue a tomar.

Ese juego de decisión-indecisión
es un sube y baja de emociones,
sentimientos de culpa se nos adhieren en los días,
y vamos haciendo de la vida,
no lo mejor posible,
sino solamente lo posible,
para poder salir aunque sea heridos pero con vida.

Si estuviera uno solo no habría problema,
pero allá afuera está el resto del mundo,
y del resto del mundo quienes importan:
siempre los amigos y la familia.
Las decisiones les afectan,
y las indecisiones también, quizá mas.
De la cuerda del egoísmo hay a veces que jalar
y a veces hay mas bien que soltar,
para poder encontrar el dichoso balance de la vida.

Vivir es una masa con tantas cosas adheridas a si,
que resulta difícil encontrar formas definidas.

Por fortuna a lo largo del camino están los otros
que se cruzan y que dan un poco de forma a la vida.
A ellos y por ellos doy gracias,
no me abandonen cada vez que tomo la decisión de la indecisión,
o menos aún, cuando me decido a decidirme.

jueves, 4 de agosto de 2011

De la sensibilidad




Acaso sabe alguien lo que es querer decir algo y no saber como hacerlo?
Por que es que siendo la palabra mi mayor arma,
no encuentro la forma correcta de usarla?
Como el alcohólico que vuelve al trago,
he vuelto yo a mirar hacia dentro del alma,
tratando de encontrar un poco de sensibilidad
para poder derramarla en las manos de quien la pida a gritos.

Los seres humanos somos sensibles y por lo tanto susceptibles,
diferentes situaciones nos mueven,
y en diferente medida,
pero al final del día todos somos capaces de llorar y de reír,
y no solo tenemos la capacidad sino también la necesidad,
pero el ritmo acelerado de la vida nos va robando la sensibilidad a pedacitos,
poco a poco como un ave carroñera,
nos arranca pedazos de alma,
y sin que nos demos cuenta un día de tantos
nos encontramos caminando por las calles de la ciudad
sin notar al mendigo tirado en la acera,
y los niños pidiendo dinero nos parecen molestos,
subimos la ventana polarizada del auto antes de llegar a una intersección,
los vendedores ambulantes nos parecen indignos de nuestra atención,
y en nombre del servicio al cliente, y de nuestros derechos como tal,
despreciamos el trabajo de los demás.

A medida que perdemos sensibilidad,
vamos también perdiendo la conciencia de nosotros mismos,
y la metamorfosis se encarga de convertirnos en alguien
que de niños no deseamos ser.

Desensibilizarse implica deshumanizarse,
o quizá todo lo contrario no lo sé,
por que la indiferencia, el desprecio, la crueldad, la traición,
todas ellas son aristas muy humanas,
entonces deberíamos tratar de ser menos humanos,
buscando un poco de sensibilidad a cada paso.

Buscando esa sensibilidad es que me escurro entre besos y abrazos,
entre amigos y reuniones familiares;
Buscando esa sensibilidad es que vuelvo una y otra vez,
a cantar las canciones de siempre,
es por esa misma búsqueda que toco una a una las cuerdas de mi guitarra,
y me empeño en escribir,
y me empeño en leer a Galeano, a Bauman y a Benedetti.

Busco ahora, con palabras, una sensibilidad más social,
que despierte conciencia,
que toque los hilos necesarios
para llevar a cuestionarnos a nosotros mismos,
acerca de si nuestras acciones van en favor de una sociedad mejor,
más justa, más equitativa.
Decía Silvio: que debiera decir? Que fronteras debo respetar?
En un mundo de paletas multicolor,
resulta difícil encontrar un común denominador,
la palabra que toque el punto sensible.

Como un arquero tirando flechas a un blanco distante,
seguiré yo escribiendo mis palabras, letra a letra,
quizá un día de estos una de mis flechas logre dar en el blanco.