Tenía casi dos años de no ver un atardecer,
quizá un atardecer no sea mucho para alguien que vive su vida en libertad,
quizá sea una de esas cosas que simplemente suceden sin prestarles mucha
atención,
como ir al supermercado o salir a la calle a caminar,
pero para quienes vivimos encerrados,
un atardecer es un oasis,
no sólo de las cosas que pasan aquí adentro,
sino de uno mismo también.
Así que ahí estaba yo, sentado,
esperando ese atardecer de Agosto,
quien me conoce sabe bien que me puedo perder fácilmente en un atardecer,
como se pierde una gota de lluvia en el océano,
o como pierde el cielo sus colores ante la noche.
Cuando la tarde comenzó poco a poco a morir,
a lo lejos,
comenzaron también poco a poco a nacer otras luces,
eran las luces amarillas de los postes de las calles,
y aún sentado ahí, pude viajar,
viajó mi mente mejor dicho,
para recordar aquellas giras largas con mi viejo.
A veces pasábamos una semana entera lejos de casa,
cómo extrañaba la comida de mi mama!
la extrañaba tanto como la extraño ahora,
como extraño también a mis hermanillos.
De regreso y a lo lejos,
habiendo cruzado casi por completo el Cerro de la Muerte,
las luces de Cartago nos anunciaban lo que tanto deseábamos saber:
ya estamos más cerca de casa.
Esas luces eran la esperanza del regreso,
eran el impulso que reavivaba nuestras cansadas fuerzas,
esas luces eran las ganas de un abrazo,
y de dormir en mi propia cama otra vez.
Hace dos años que estoy encerrado,
hace dos años que no duermo en mi cama,
y cada día es más el tiempo estando lejos,
pero es menos el tiempo para regresar,
y aunque siento nostalgia,
siento también algo rico en el pecho,
porque al ver estas luces tengo la certeza de saber
que estoy más cerca de casa.
En este espacio he encontrado el rincón perfecto donde mejor existo, sin discusiones ni reproches, soy solo yo y esta extensa soledad, que es mi motor para seguir escribiendo. Este blog ha ido evolucionando como consecuencia de mi propia evolución como ser humano, siempre sensible y apasionado cuando a escribir me dedico. "Uno se embarca en viajes lejanos para despues advertir que el fantasma que buscaba era uno mismo"
martes, 24 de agosto de 2021
Más cerca de casa
lunes, 16 de agosto de 2021
Tardes como esta
Es
en tardes como esta que más recuerdo sus caricias,
era fácil sucumbir ante ellas,
es más, era imposible no hacerlo,
el frío es la excusa perfecta para dos cuerpos que se abrazan.
Yo ya existía sin sus besos pero existía mejor con ellos,
y no conocí realmente el calor hasta que dormí en su pecho.
Mis piernas tenían sentido sólo si las enredaba en las suyas,
y hasta mi nombre sonaba mejor en su boca.
Recuerdo que acostados en la cama,
con las puntas de los dedos jugábamos a dibujar figuras en el aire,
fue así que dimos vida a increíbles animales
y fantásticas creaturas marinas.
Escuchando la lluvia fue que pudimos guardar silencio
para escuchar lo que nuestros besos tenían que decir,
y así, los dejamos hablar por horas,
como hipnotizados por el ruido de las gotas al caer.
Es en tardes como esta que más recuerdo su gesto al sonreír,
sus pies fríos y sus muslos cálidos,
la suavidad de sus manos corriendo en mi pelo,
su respiración apenas perceptible.
Son tardes como esta las que con más rencor odio,
porque una vez fueron las que más amé,
las odio porque me abrazan sin dejarme ir,
pero sobre todo las odio porque me recuerdan a vos.

