y el sonido de la tarde era todo
menos silencio:
un millón de aves en coro buscando
la noche,
el sonido del viento entre las hojas
de los árboles,
hasta la marcha interminable de las
hormigas creíamos escuchar.
Nuestros cuerpos en contra posición
tumbados en el suelo,
mientras con la punta de mis dedos tocaba los
tuyos,
y hacíamos el amor en la galaxia
escondida de aquel bosque,
amor sin sexo, sin cuerpos ni sudor…
Nos vimos cada jueves por la tarde
en aquel lugar,
creo que siempre fue así…
Desde el principio del tiempo…
Quizá aun antes de eso…
Cuando tu corazón decidió echarse a
dormir
te extrañé, aunque no por mucho
tiempo.
Renuncié a la vida para encontrarte
de nuevo.
Ahora somos el silbido entre los
árboles,
el viento debajo de las alas de
aquel millón de aves,
el sonido de las hormigas al marchar,
Vos y Yo, juntos, hasta el fin del tiempo.
