Han tocado a mi puerta hoy,
es la muerte,
no quiere nada conmigo pero me acaricia el rostro
con sus manos de hielo.
Lo respiro y me oprime el pecho,
me acelera el corazón,
deambula por los pasillos vacíos de mi cabeza.
Se entremezcla con mis sentimientos
y me despierta la nostalgia,
lleva fotos de mis seres queridos en su bolsillo,
me atormenta con ellas.
Mis manos tiemblan tanto como mi mente,
el miedo me posee, el tiempo se me acaba.
Se me acaba el tiempo a cada instante,
en cada pedazo de aire,
con cada palpito de un músculo,
y de pronto quiero abrazarte a ti que eres la razón de mi miedo,
a ti, que no te he dicho suficientes veces que te quiero,
a ti, que comprendes lo que un abrazo de luz es.
Pienso en las personas que han vivido la muerte,
la de sus amados,
que palabras podrían escribirse para describir el dolor, la angustia, la nostalgia?
Los ojos hechos agua y la cabeza baja no pueden ser descritos, solo imaginados.
Sé que un día yo tendré esos ojos,
y mi cabeza apuntará al suelo,
y que tu ya no estarás aquí, y yo te lloraré.
La tristeza invadirá mi ser y hará de mis días su nido,
la nostalgia carroñera se nutrirá a mis costas, y yo te lloraré.
Pero un día tendré que decirle que se largue,
porque ya no soporto su aliento en mi rostro
en las noches en que insiste dormir abrazado a mi pecho,
y se irá.
Se irá para cruelmente volver a recordarme tu ausencia
y estampármela en la frente
en los días hermosos en que desearé tu presencia,
entonces odiaré los días hermosos,
esperaré los días grises de lluvia en las tardes,
esos serán mis días hermosos,
aunque se dibuje tu silueta detrás de los vidrios mojados,
y los charcos en las calles.

