Mis manos bordeando tus suaves
curvas de mujer,
en una tarde como esta,
en una día como hoy,
hace mucho tiempo atrás.
Mi lengua acariciando los lugares
donde la luz nunca pudo tocarte,
el sabor de tu cuello en mi boca,
mis besos vulgares tatuados sobre
tus senos,
mis piernas por en medio de las
tuyas...
Y esa lluvia cómplice compañera,
no dejaba que se escaparan tus
gemidos de la habitación,
mientras mi amor en carne te entregaba
y me fundía en tu cuerpo.
Fueron ganas y ansias que nos unieron
esa vez,
gemidos y convulsiones,
sudor y sexo...
Más tarde fuimos simples cuerpos
tirados en lados opuestos de aquella cama,
América y Europa diciendo adiós.
No es que te amara entonces,
ni lo hago ahora,
pero extraño aquella sensación de
ser uno solo.
