Tenía tanto
miedo del olvido
que corrí tan lejos de él como me fue posible,
asustado y tembloroso,
como quien huye de un asesino.
que corrí tan lejos de él como me fue posible,
asustado y tembloroso,
como quien huye de un asesino.
Pero corriendo tropecé con un pensamiento,
qué vino a calmar mis noches,
y qué además resulta ser verdad:
"Lo que fue realmente bueno no se olvida"
Por eso ahora sé que es imposible que olvide mis besos,
o mis manos alrededor de su cuerpo
tratando inútilmente de tocarse la una a la otra.
Nuestras noches en el sillón,
o su cabeza en mi regazo.
Mi lengua jugando alegremente en su pecho,
o mi boca clavándose en su costado,
en ese lugar exacto donde nacen sus cosquillas.
Mi respiración fuerte en su cuello,
o mis dedos dibujando espirales infinitas en su pelo.
El deseo abandonará mi recuerdo de su memoria,
seguro lo ha hecho ya...
pero al olvido lo reto a muerte cualquier día,
porque sé bien lo que fuimos,
y sé también que el olvido no tiene efecto en su cuerpo,
y que sus manos tienen mejor memoria de lo que quisiera.
Tuve tanto miedo del olvido
que corrí tan lejos de él como me fue posible,
pero ya no soy el mismo
y al igual que nosotros,
el miedo ya es pasado.







