martes, 13 de septiembre de 2016

Causa perdida



Levantarse por la mañana con la idea de hacer un mundo mejor,
si acaso el mundo de los tuyos.
Abrir los ojos tiene sentido sólo porque hay un mañana,
y nunca se sabe lo que el día tiene preparado.

Pero qué pasa cuando vivir es una causa perdida?
Y abrir los ojos es sólo un reflejo del cuerpo,
como parpadear,
porque se conoce bien tu propia fecha de expiración.

Todos tendremos un fin eso es seguro,
pero quizá es precisamente la belleza de lo incierto
lo que vuelve a este viaje interesante.
Qué pasa, digo yo, cuando esa incertidumbre se vuelve certeza?

Si tenemos el peor de los días siempre podemos decir:
“Mañana será otro día!”
Pero… y si no?
Y si supieramos que mañana será peor que hoy? Y así sucesivamente.
Cuál es el sentido de la vida cuando se está en caída libre sin paracaídas
y a unos cuantos metros del suelo?
Podría el mayor de los optimistas decir: qué hermoso día!!?

La vida nos toma prestados por un rato nada mas,
no olvidemos que somos muerte y polvo,
lágrimas, tierra sobre tierra, memoria, olvido.

Al final de la vida,
sin importar como uno la haya vivido,
supongo que lo mas importante,
es poder irse en paz.

martes, 19 de julio de 2016

De los desaparecidos



Qué queda detrás de los desaparecidos?
Y cuanto tiempo dura su huella después que desaparecen?

Aun duele su ausencia,
y cada vez es más difícil recordar el sonido de su risa,
o el tono de su voz pronunciando mi nombre,
o la sensación de su tacto en el abrazo.

Todavía tomo el teléfono para llamarle,
y no borro su número de teléfono porque,
aunque parezca tonto,
pensaría que ya empecé a olvidarle.

No quiero admitirlo pero,
estoy perdiendo la memoria de sus gestos,
y hay pedazos de conversaciones que tuvimos
que ya no están en mi cabeza.

Qué queda detrás de los desaparecidos?

Me gusta pensar que queda su recuerdo
pero cuando sea viejo y mi mente se marchite,
podré aun recordarle?
O será mi memoria como esas fotos viejas
en las que ya no se logran distinguir los rostros ni los lugares?

A medida que trascurre la vida,
trascurre también la muerte,
y no hay nada que se pueda hacer al respecto.
La lista de desaparecidos es más grande cada vez.

Hermanos y hermanas, amigos y amigas,
padres y madres, abuelos y abuelas…

Yo solo espero que,
aunque ya no estén aquí para abrazarlos,
no desaparezcan antes de haber yo desaparecido.

miércoles, 27 de enero de 2016

La cita (Final)

Hola cómo estás, entramos?
Dije sin pausa y sin esperar respuesta,
mientras los nervios jugaban con mi voz, 
vos sólo sonreíste y asentaste con la cabeza,
supiste entender mi timidez.

El camino a la boletería fue eterno,
diez metros que más bien tenían cara de cien.
La peor parte de sentirme como un completo idiota,
es que seguramente me veo como tal.
No sé cómo, pero llegamos a sentarnos en la sala,
donde nos esperaban dos horas de alguna película de acción y sangre.
Por llegar justo antes de la hora,
tuvimos que comprar boletos para la única película disponible,
y así desperdicié mi oportunidad de algo de romance en la pantalla.

No recuerdo si fue durante alguna explosión o el vuelco de un carro,
pero pude sentir tus dedos buscando el espacio vacío entre los míos,
no pude creerle a mis manos.

A la salida el cine y agarrados aun de la mano,
fuimos a comer, moríamos de hambre.
Entramos en la muerta de hambre frente al parque,
y no tuviste reparo en comer hasta saciarte.

Había llegado la hora de despedirnos,
la noche hasta ahora había sido un sueño para mi,
pero jamás imaginé lo que estaba por suceder,
te inclinaste hacia mi para darme un beso,
no pude creerle a mis labios.

Dijiste: “Buenas noches”
y de pie frente a tu casa,
completamente idiotizado
respondí con un: “aja…”

Supiste esquivar mi idiotez toda la noche,
para llegar desde el “hola” hasta ese beso,
de la forma más mágica y natural.

Esa fue nuestra primera cita,
y la última también,
nadie podría predecir lo que pasaría después de esa noche,
y aunque me encantó conocerte, ya no me gustan las primeras citas.

sábado, 23 de enero de 2016

La cita (I Parte)

Cuando te pregunté dijiste que “Sí”
Y ahora no sé qué hacer…
Había presupuestado un “No”.
La sensación es nueva en mi estómago.

No sé qué llevar puesto.
No sé cómo actuar,
ni mucho menos qué decir.
Soy un idiota con suerte!
Un idiota sobre todo…

Te cité afuera del cine
justo antes de la función,
para que no tuvieras tiempo de notar mis nervios.

Le das un abrazo o un beso en la mejilla? me preguntaba,
mientras me aseguraba que la transpiración
no fuera más fuerte que el olor de mi loción,
y secaba mis manos sudorosas en el pantalón.

Te vi venir a lo lejos,
aunque me hice el que no te vi, (quién no lo ha hecho?)
para fingir sorpresa,
y además para que fueras vos la que tocara mi hombro.

Traías puesto un vestido corto de flores,
el pelo aún húmedo
y el bolso colgado de tu hombro izquierdo.
No pude creerle a mis ojos,
estabas perfecta,
en todas las posibles formas que se pueda ser perfecta.