Despierto, abro los ojos, día 137.
Siento de pronto una vibración que me estremece
de punta a punta.
Que es esta extraña sensación en mi pecho?
No puedo levantarme y pienso entonces que por
fin voy a morir, pero no.
Tomando dominio de mi cuerpo un repentino
resplandor me deslumbra.
Que diferencia hoy de los días anteriores?
No estoy seguro, no lo sé;
pero hay en este aire caliente y denso una
energía diferente.
No sé si voy saliendo de un sueño o cayendo en
él,
pero tengo que insistir en esto: hoy es
diferente.
Hasta ahora, la vida en esta isla ha sido tan
desesperadamente infinita,
tan abrumadoramente triste,
tan humanamente cruda
y tan odiosamente cruel.
Mi mente viene y va,
igual que el sonido de estas olas que castigan
la costa,
es como estar constantemente loco y cuerdo a la
vez,
como aquel prisionero condenado a morir en su
celda.
Pero hoy no,
hoy mis pulmones expandidos respiran más hondo
y vuelve a rondar en mi cabeza aquella palabra
que había pasado a ser solo eso, una palabra,
que no da de comer y que no sirve de nada: “Esperanza”.
Entonces de la nada, tu recuerdo aparece en mi
mente,
me tumbo ante esta arena blanca y ardiente,
los pálpitos en mi pecho son ahora más fuertes
y acelerados,
como cuando por primera vez
mis labios estuvieron a medio centímetro de
tocar los tuyos.
Así como tu imagen,
una lágrima aparece y acaricia mi mejilla,
pero no estoy triste,
desde el fin del mundo te estoy besando, justo
ahora.
Casi puedo escuchar tu voz en el viento,
y tus dedos por sobre las llagas de mi rostro,
extendiendo mis manos,
las puntas de mis dedos vuelan incesantes al
encuentro de tu espalda,
por un instante, no existe lugar en el mundo
más que esta isla,
y ahora sé que estas aquí, aquí conmigo.