Luego de arribar a Madrid, uno de los lugares que quisimos conocer fue el Estadio Santiago Bernabeu así que como siempre, Google nos indicó el camino. Nuestra intención al llegar era poder realizar el tour dentro del estadio pero nos tomó por sorpresa saber que justo ese día el Real Madrid jugaba de local contra uno de los equipos bajos de la tabla del que honestamente no recuerdo el nombre. De tal manera que compramos tiquetes para el partido, sólo teníamos que esperar un par de horas para el inicio. Así que para matar el tiempo y el hambre, nos fuimos a una cafetería cerca del estadio llamada: Rodilla.
Desde hace ya mucho tiempo que dejé el café y las gaseosas así que no dudé en pedir un chocolate caliente, Jeff por su lado pidió un café. Aprovechamos para vaciar nuestras vejigas, luego nos sentamos esperando nuestra orden mientras repasábamos las fotos que habíamos tomado conociendo Madrid ese mismo día. Cuando el chocolate arribó a la mesa, venía con una cuchara pequeña, lo que me pareció raro.
"Quién toma chocolate con cuchara!?” pensé.
Así que dejé la cuchara a un lado y me dispuse a tomar directo de la taza. Pero el chocolate era muy difícil de tomar. Tenía una consistencia tan densa que el chocolate simplemente no fluía. Entendí entonces la razón de la cuchara. Una vez que lo probé por primera vez, no pude parar. A punta de cucharaditas me tomé todo el chocolate, no sin antes compartir un poco con Jeff. Aquél chocolate en Madrid fue lo mejor que he probado, mis sentidos estaban simplemente extasiados con él, desde su textura, pasando por su olor y terminando en su sabor.
Durante el resto de nuestro viaje por Europa, me dediqué a pedir siempre un chocolate caliente para saber si acaso existía un chocolate mejor que el de aquél día en Madrid. Para cuando llegamos a Roma ya me había tomado al menos unas 15 tazas de chocolate caliente. Una noche a eso de las 9pm, salimos a caminar y conocer los alrededores de Roma. Llegamos a una cafetería que, por lo que notamos, estaba a punto de cerrar. Uno de los camareros nos recordó mucho a uno de los miembros de Les Luthiers y parecía que estaba justo terminando de limpiar la máquina del chocolate porque lucía como nueva. Fue a él a quien me dirigí:
-“Mi scusi signore, per favore un cioccolato”.
El tipo me volvió a ver justo como quien tiene de pronto ganas incontenibles de cometer un asesinato. Entonces se dirigió a uno de sus colegas:
-”Gustavo cioccolato!!!” haciendo el típico ademán con las manos que caracteriza a los italianos, y empezó a vociferar una serie de quejas en italiano de las que claramente no entendimos nada, sin embargo supongo que debió ser algo así como:
“Gustavo! estos dos desgraciados quieren tomarse un chocolate a las 9pm justo cuando estamos por cerrar y yo acabo de limpiar la máquina, qué hijos de puta!”
En lugar de incomodarnos con la situación, no pudimos contener la risa. Esa noche y por el resto del viaje, nos reímos a carcajadas cada vez que nos acordábamos de aquél camarero enfadado con cara de Les Luthiers, teniendo que limpiar la máquina de nuevo por culpa de aquél primer chocolate caliente que había tomado en Madrid.
Ahora, cada vez que alguien nos pide algo que consideramos absurdo o fuera de lugar siempre reaccionamos así:
-“Gustavo cioccolato!!!” con el mismo ademán de manos.
Ptda: El chocolate caliente de Madrid sigue siendo el mejor.




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