Ella aún espera que regrese su hijo.
Ella es sólo una de muchas.
Amigas y vecinas, compañeras de la historia, la maldita historia.
Ellas esperan el abrazo que nunca ha de llegar.
Te duele la historia Salvador,
tus guerras te han matado de a poco,
tus muertos esparcidos en la noche,
tus desaparecidos en el mundo.
Ella es sólo una de muchas.
Amigas y vecinas, compañeras de la historia, la maldita historia.
Ellas esperan el abrazo que nunca ha de llegar.
Te duele la historia Salvador,
tus guerras te han matado de a poco,
tus muertos esparcidos en la noche,
tus desaparecidos en el mundo.
Te duele Morazán y te duelen las
gradas de la Catedral.
La misa de Monseñor no será más,
un aeropuerto en su lugar,
para que todo aquel que llegue aquí
sepa,
por qué él al igual que muchos otros,
murieron por sus hermanos.
Te duelen los presidentes corruptos,
los pobres que son cada vez más pobres,
y los ricos que son cada vez más ricos.
Te duelen los presos en la frontera.
Te duele la gente que sale a trabajar,
y regresa con nada o casi nada.
Te duelen los niños vendiendo dulces
en las calles,
te duelen las mujeres violadas,
te duelen las buenas personas ajenas al
poder,
te duele mi primo y tantos otros
primos.
Somos vecinos y hermanos,
y aunque nuestras historias se cruzan,
la tuya es más cruel y más triste,
tu historia le duele al mundo.
Hay un mejor Salvador,
con el que tanto soñó
y por el que tanto trabajó mi primo.
Ese país está en construcción,
de lejos se escucha el martilleo,
y uno se alegra cuando el vecino construye
un mejor hogar para meter a su familia
y vivir la vida más dignamente.

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