lunes, 21 de abril de 2014

Del Alzheimer



Corría el año de mil novecientos no me acuerdo…
Y estábamos allí los dos, frente a frente,
jóvenes y locos, aunque parezca redundante decirlo,
dijiste SI y luego yo también.

 Desde entonces nuestros cuerpos se han dado a la tarea de envejecer,
y parte de mi mente se ha evaporado,
al punto de no distinguir entre ayer y hoy,
al punto de olvidar mi propio nombre.

El sol fue dejando huellas en nuestra piel,
que además es ahora más oscura,
como oscuros son los días de nuestro futuro.

Sé que no hay fuerza ni enfermedad,
que puedan arrebatarme tu rostro o tu nombre,
porque es ahora lo único de lo que tengo certeza.
No es mi mente quien te recuerda,
te recuerdo con el corazón,
desde el corazón mismo.

Sé que pronto me iré,
espero con gran ansia el momento,
cuando cierre mis ojos mientras te mire.
Gracias mi amor,
por haberme amado y por los días felices,
pero sobre todo,
por haberte quedado en los días grises.

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