Corría el año de mil novecientos no
me acuerdo…
Y estábamos allí los dos, frente a
frente,
jóvenes y locos, aunque parezca redundante decirlo,
dijiste SI y luego yo también.
Desde entonces nuestros cuerpos se han dado a
la tarea de envejecer,
y parte de mi mente se ha evaporado,
al punto de no distinguir entre ayer
y hoy,
al punto de olvidar mi propio
nombre.
El sol fue dejando huellas en
nuestra piel,
que además es ahora más oscura,
como oscuros son los días de nuestro
futuro.
Sé que no hay fuerza ni enfermedad,
que puedan arrebatarme tu rostro o
tu nombre,
porque es ahora lo único de lo que
tengo certeza.
No es mi mente quien te recuerda,
te recuerdo con el corazón,
desde el corazón mismo.
Sé que pronto me iré,
espero con gran ansia el momento,
cuando cierre mis ojos mientras te
mire.
Gracias mi amor,
por haberme amado y por los días
felices,
pero sobre todo,
por haberte quedado en los días
grises.

No hay comentarios:
Publicar un comentario