Ahí mismo,
en el lugar
donde por primera vez nos vimos,
ahí me citaste.
Para que de una vez por todas dijéramos adiós,
sin besos ni abrazos de despedida.
Cuando diste la vuelta
y pude ver tu pelo cayendo en tu espalda,
fue hasta ese momento que te sentí partir,
y un jalón en el pecho.
Las palabras mudas resbalaban de mi boca,
tuve que haberlo dicho entonces,
decirte que no te fueras,
que el aire es espeso y húmedo si no estás en él,
tuve que haberte tomado del brazo
para traerte de vuelta a mí,
debí haberte besado,
debí haberte dicho tantas cosas,
tuve que haberte dicho las palabras que no te dije.
Esas palabras inexistentes
que ahora me guardan rencor,
y aun hoy,
después de tanto tiempo duelen,
duelen,
duelen las palabras que nunca te dije.

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