La ciudad está colmada de luces amarillas ya,
a lo lejos La Virgen del Panecillo vigilia Quito,
y de fondo algún trovador toca en una plaza.
Mi cuerpo está cansado
y mis ojos a punto de cerrarse
y a pesar de eso vuela mi mente hacia vos,
hacia tu cama y tus brazos.
Tengo una sensación rara entre pecho y estómago
sé que no es la altura porque ya me he acostumbrado a ella.
Tampoco es hambre, si de comer vengo.
En alguna azotea en la mitad del mundo me doy cuenta de esto,
que me sorprende y me perturba a la
vez: te extraño.

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