viernes, 13 de septiembre de 2019

De amores huérfanos



          


Habían quedado huérfanas mis caricias sin vos,
como una botella tirada al mar,
vagando eternas, perdidas,
sin dueño y sin rumbo.

Ni qué hablar de mis besos,
que entregaba sólo para no dejarlos morir,
insípidos,
extrañando el sabor de los tuyos.

Sentí la tormenta furiosa sobre mí,
y sin techo ni resguardo la recibí en mi pecho,
hacía ya algún tiempo que tu pecho me cobijaba,
así que indefenso, la dejé ser.

Y una mano se extendió para tocar la mía
y encontré entonces refugio en otros besos y otro cuerpo,
que me llena de una calidez distinta,
pero calidez al fin.

Mis ganas desgastadas y a la deriva
fueron a dar otra playa de arena blanca también,
y ahora me fundo en ella con cada palpitar de una ola,
mientras me voy transformando en playa yo también.
Y desde acá la vista es tan distinta como hermosa,
y el Sol golpea con otra intensidad,
las olas parecen ir más al compás de mis latidos y mi respiración,
como si conocieran el ritmo de mi sangre.

Otras playas han quedado atrás,
lugares en los que ya no era bienvenido,
y de los que fui desterrado sin explicación.
Y sin tener la intención de encontrar un nuevo hogar,
un cariño nuevo me envuelve,
unos brazos abiertos me reciben,
y una sonrisa nueva dibuja la mía.

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