viernes, 4 de octubre de 2019

Telescopio



         

Cuando era niño una de las cosas que más deseaba era un telescopio.
Pero la idea de educación integral de mis padres consistía en vestido, calzado, comida, algún paseo a la playa y noches de películas y helados.
Mis padres no incentivaban en mí o mis hermanos el gusto por la ciencia, el arte, el deporte, la lectura. Y no los culpo, a ellos tampoco le enseñaron eso de niños. Sobra decir entonces, que nunca tuve un telescopio.

Pero ahora que soy adulto y que tengo el suficiente poder adquisitivo para ir a la tienda y comprar un telescopio, no lo hago. Por qué? Qué pasó entre mis 8 años y mis 36? Qué se perdió en medio?
Es entonces que me doy cuenta que ya no ocupo un telescopio para mirar hacia arriba, prefiero usar uno para mirar hacia adentro y hacia atrás. Después de todo, soy producto de mi pasado, de 36 años de historia. Ahora me resulta trascendental conocerme un poco más, que conocer la inmensidad del universo o las estrellas fugaces que deseaba tanto poder ver.

Desde aquí, desde mi cuerpo quiero decir, soy todo lo que existe e importa. Sin mi conciencia no soy nada. Me conozco incluso desde antes de tener uso de razón. Vivo conmigo mismo todos los días y todas las horas. Tengo mi propia idea del mundo, de las cosas y de las personas. El universo existe sólo porque respiro, si me muero todo de apaga, todo se convierte en nada. No quiero confundir al lector, esto que escribo es todo lo contrario al narcisismo porque me doy cuenta de lo que soy. Y entonces, qué soy? Soy nada.

Desde el Hubble ni siquiera me distingo, pero si se distinguen un número infinito de estrellas y luces en el universo. Soy diminuto, imperceptible. Todo lo que creo, siento y soy, es sólo una partícula infinitesimal en el tiempo y en el espacio. Existo sólo durante un instante y en un espacio minúsculo.

Es entonces que reflexiono, sobre mi vida y sobre la naturaleza humana también. Por qué creemos que sólo nuestros sentimientos importan? Por qué buscamos excusas para sentirnos ofendidos? Por qué siempre hablamos sobre lo que nos hicieron y de cómo hemos sufrido? Por qué creemos que somos dignos de un mejor trabajo o un mejor amor? Y qué importancia tiene además? Por qué acumulamos rencores y resentimientos? Para qué usamos máscaras si todos vamos a terminar en nada?
No pretendo responder a ninguna de esas preguntas, son más de carácter retórico que cualquier otra cosa.

Usando el telescopio veo a un niño de 8 años. No quiero mentirle, aunque podría hacerlo, para volver un poco más positivo este artículo. No voy a decirle que todo va a estar bien. No voy a decirle que nunca estará sólo, que no va a llorar, que no lo van a traicionar, que no va a perder la inocencia, que el amor eterno no dura para siempre y que los amigos incondicionales siempre tienen condiciones.
Lo que quiero es desearle suerte en el viaje. Quiero decirle que lleve el telescopio siempre a mano, aunque sus padres nunca le compren uno...

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