Abrió
los ojos, su cuerpo a medio cobijar tirado en la cama.
Afuera, destellos de luz azul y blanca como relámpagos pero sin sonido,piensa que debe estar aún entre dormido y despierto.
Las cortinas de su cuarto se agitan con violencia,
a través de la ventana observa las ramas de los árboles,
se mesen como queriendo desprenderse,
pero no percibe ningún ruido aún.
La lluvia insistente castiga los techos del barrio,
debería al menos escuchar al agua fluir, pero no.
Se asusta,
al pronunciar una maldición nota que no escucha su propia voz,
luego se aterra.
Golpea la puerta, las paredes, su rostro, enciende el televisor,
pero nada produce el más mínimo sonido.
No sabe bien si las cosas dejaron de tener sonido
o simplemente se ha vuelto sordo,
y no importa la diferencia si el resultado es el mismo.
De pronto recuerda haber ido a la cama para dormir,
así que esa es la explicación,
se convence a sí mismo que está soñando,
pero las sensaciones de su piel y de sus ojos
son demasiado reales para ser un sueño,
y el corazón aún duele.
Se sienta en la orilla de su cama,
su desesperación llega poco a poco a una cierta calma inexplicable,
reflexiona y piensa,
concluye que el mundo sin sonido no vale la pena,
entonces lo entiende:
El silencio mata.

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