Ha pasado la luz de otro cometa,
el corazón llora y con sus propias lágrimas se riega y renace.
Porque el corazón sabe lo que quiere,
y duele menos perder un amor
que perder el respeto por uno mismo.
Es el amor entonces como el fuego que siempre es fuego,
pero que nunca es igual.
Y a los amores como a los recuerdos los voy almacenando en un baúl.
Quien me echó a golpes sin tener a donde ir,
Quien no tuvo ni la decencia de decir adiós cuando se fue con otro,
Quien prefirió seguir odiando a seguirme amando con tal de mantener el orgullo intacto.
Con el tiempo he aprendido que cuando se está dispuesto a amar,
se debe asumir que hay cosas que saldrán mal.
Entonces entiendo que a veces,
dejar de amar es también aprender a amar,
porque desde la primera vez que amé,
no he amado igual,
y entiendo que he sido yo mismo la piedra en mi propio camino
porque pude haber hecho más o dicho menos.
Así que a nadie culpo más que a mí mismo.
Lo cierto es que ganas a veces
y a veces pierdes.
La vida te da pero también te quita,
fluye y deja fluir,
y aunque te amé,
hoy te dejo ir.

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