martes, 1 de junio de 2021

Dios: alguien de quien desconfiar

 

“Si Dios quiere”
“Primero Dios”
“Dios lo permita”
“Gracias a Dios”
“Dios me ayude con tal cosa”
“Dios sabe por qué hace las cosas”
“Los tiempos de Dios son perfectos”


Todas estas son frases que escuchamos a diario y en boca de la mayoría de personas. Pareciera entonces que todas las situaciones de la vida, simples o complejas, dependen de lo que quiera Dios hacer con ellas. Al final del día pasará lo que Dios quiera que pase.
Personalmente, tengo un problema con esto, y es que esta forma de pensamiento nos convierte a los seres humanos en inútiles, pero sobre todo nos convierte en personas mediocres a la hora de enfrentar la vida. Porque es muy fácil entonces pedirle a Dios que me ayude a conseguir el trabajo que necesito, o la casa que quiero para mis hijos, o que me ayude a pasar el examen, o que nos ayude a ganar el juego como hacen tantos deportistas.


¿Será que Dios realmente tiene injerencia en cada detalle de nuestras vidas?
¿O será más bien que todas esas cosas superficiales dependen más de nuestras acciones y decisiones que tomamos como individuos sin importar si Dios nos ayuda o no?
¿Será que evadimos parte de nuestra responsabilidad para embarazar a Dios?¿Será que nos da pereza luchar por las metas y los sueños y por eso ocupamos la ayuda del que todo lo puede?
¿Hasta qué punto está bien creer en Dios entonces?
¿Qué no sería mejor dejar de creer un poco en Dios para empezar a creer un poco más en nosotros mismos?

Para creer en Dios como creen los cristianos, es necesario aceptar el hecho que somos juguetes a merced del todopoderoso. Es necesario creer que sin importar las decisiones que tomemos, Dios puede revertirlo todo. También es necesario aceptar que podemos acceder a sus favores únicamente si a él le place y que nada tienen que ver nuestros méritos o la falta de ellos.

De tal manera que si obtuve el trabajo es porque Dios así lo quiso y si no, es porque Dios tiene preparado algo diferente para mí. Nada tiene que ver mi formación y mi preparación para ejercer ese trabajo o ¿por qué no? hasta la suerte.
Si tuve alguna cirugía delicada y salvé la vida es porque Dios tiene algún plan para mí. Y si acaso morí en esa cirugía Dios sabrá por qué. Porque nada tienen que ver los años de estudio y preparación de los médicos, las numerosas horas en cuidado intensivo o los medicamentos a los que reacciona mi cuerpo, si al fin y al cabo Dios es el que decide de acuerdo con su voluntad.

Además, muchas veces las “bendiciones de Dios” son mutuamente excluyentes. Quiero decir que, si Dios me bendijo a mí, inherentemente tuvo que dejar de “bendecir” a alguien más. Como con las entrevistas de trabajo o los partidos de futbol. “Dios es tan bueno que me ayudó a obtener este trabajo…” pero sobre esa misma línea de pensamiento, entonces Dios no fue tan bueno con quien no obtuvo el trabajo… ¿Quién está mal entonces, Dios o mi idea de quien es Dios?

 Debo admitir que me causa repulsión conversar con alguien que mete a Dios en todo, no porque yo no crea en Dios, porque sí creo. Creo que él es omnisciente y omnipresente. Creo que estoy vivo porque él me ha dado la vida (de cierta forma). Pero es un gran desperdicio meter a Dios en todo. ¿Desperdicio de qué? del regalo más grande que Dios le dio al hombre: el libre albedrío.

Porque desde el día en que nacemos, todas nuestras decisiones nos enrumban en una dirección, pero luego le pedimos a Dios que cambie esa dirección y entonces ¿de qué sirve el libre albedrío si ni siquiera somos capaces de asumir la rienda y la responsabilidad de nuestras vidas?


¿Cuál padre quiere asumir la responsabilidad de las acciones de sus hijos toda la vida? Ninguno.
Por eso en algún momento los hijos se van de casa, para que vivan su propia vida, para que cometan sus propios errores y para que se hagan su propia idea del mundo.
Pero los que creen en Dios no quieren irse de casa, quieren que su Dios los proteja siempre. Quieren que su Dios los cuide para que no se caigan, y si se caen, quieren que su Dios los levante, y si los levanta, quieren que su Dios no los vuelva a dejar caer.
No importa lo que suceda, el cristiano quiere que Dios controle cada aspecto de su vida siempre.

 Santo Tomás de Aquino dijo que cualquier idea que el hombre tenga sobre Dios, está aún muy lejos que quien es Dios realmente y yo comparto ese pensamiento. Entonces ¿por qué no renunciar al Dios que conocemos para creer en uno mejor? Yo no estoy en contra de Dios, estoy en contra del concepto que, sobre todo los cristianos, tienen sobre Dios. Si nuestra idea de Dios siempre va a estar lejos de quién es Él en realidad, ¿por qué no entonces cuestionar a Dios si de todos modos estamos lejos de entenderlo?

¿Qué tal si creemos en un Dios que también crea en nosotros, como su creación y no como sus juguetes?
¿Qué tal si en vez de cerrar los ojos y levantar las manos al cielo para pedirle que tome control de nuestras vidas, lo hacemos nosotros mismos?

No pueden culparme de impío o de soberbio si en realidad nadie conoce a Dios, aunque estoy seguro de que mucha gente cree conocerlo. Por eso es frecuente escucharlos decir: “a Dios no le gusta esto o aquello” o “cuando usted habla así ofende a Dios”. Hablan como si Dios fuera íntimo amigo de ellos y por eso también hablan en su nombre, como si Dios ocupara un representante humano que hable por él.

Tenemos que entender que nuestro concepto de Dios es un concepto heredado. Que cualquier idea que tengamos de él es porque nos lo han enseñado así y no porque tengamos convicción de ello. Que el concepto que actualmente tenemos de Dios, está condicionado a este momento y este espacio. Porque de haber vivido en otra época y en otra parte del mundo, nuestra idea de Dios sería completamente distinta. Desde ese punto de punto de vista, es hasta irresponsable no dudar de Dios porque no somos autómatas. Después de todo, por más pequeños e insignificantes, somos seres pensantes. Y aunque a Dios no se le entiende con la razón, no está demás usar esa misma razón para cuestionar nuestras propias creencias. Quizá hasta Dios mismo espera eso de nosotros.

 Comprendo que esta idea es controversial y no pretendo que alguien cambie su idea de Dios sólo porque a mí se me ocurrió escribir este artículo, sin embargo, no está de más hacer un auto examen para saber ¿en cuál Dios creemos y por qué? Después de todo Dios nos regaló la inteligencia y sería un desperdicio no usarla.


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