“Primero Dios”
“Dios lo permita”
“Gracias a Dios”
“Dios me ayude con tal cosa”
“Dios sabe por qué hace las cosas”
“Los tiempos de Dios son perfectos”
Personalmente, tengo un problema con esto, y es que esta forma de pensamiento nos convierte a los seres humanos en inútiles, pero sobre todo nos convierte en personas mediocres a la hora de enfrentar la vida. Porque es muy fácil entonces pedirle a Dios que me ayude a conseguir el trabajo que necesito, o la casa que quiero para mis hijos, o que me ayude a pasar el examen, o que nos ayude a ganar el juego como hacen tantos deportistas.
¿O será más bien que todas esas cosas superficiales dependen más de nuestras acciones y decisiones que tomamos como individuos sin importar si Dios nos ayuda o no?
¿Será que evadimos parte de nuestra responsabilidad para embarazar a Dios?¿Será que nos da pereza luchar por las metas y los sueños y por eso ocupamos la ayuda del que todo lo puede?
¿Hasta qué punto está bien creer en Dios entonces?
¿Qué no sería mejor dejar de creer un poco en Dios para empezar a creer un poco más en nosotros mismos?
Para creer en Dios como creen los cristianos, es necesario aceptar el hecho que somos juguetes a merced del todopoderoso. Es necesario creer que sin importar las decisiones que tomemos, Dios puede revertirlo todo. También es necesario aceptar que podemos acceder a sus favores únicamente si a él le place y que nada tienen que ver nuestros méritos o la falta de ellos.
Si tuve alguna cirugía delicada y salvé la vida es porque Dios tiene algún plan para mí. Y si acaso morí en esa cirugía Dios sabrá por qué. Porque nada tienen que ver los años de estudio y preparación de los médicos, las numerosas horas en cuidado intensivo o los medicamentos a los que reacciona mi cuerpo, si al fin y al cabo Dios es el que decide de acuerdo con su voluntad.
Además, muchas
veces las “bendiciones de Dios” son mutuamente excluyentes. Quiero decir que,
si Dios me bendijo a mí, inherentemente tuvo que dejar de “bendecir” a alguien
más. Como con las entrevistas de trabajo o los partidos de futbol. “Dios es tan
bueno que me ayudó a obtener este trabajo…” pero sobre esa misma línea de
pensamiento, entonces Dios no fue tan bueno con quien no obtuvo el trabajo…
¿Quién está mal entonces, Dios o mi idea de quien es Dios?
Porque desde el
día en que nacemos, todas nuestras decisiones nos enrumban en una dirección,
pero luego le pedimos a Dios que cambie esa dirección y entonces ¿de qué sirve
el libre albedrío si ni siquiera somos capaces de asumir la rienda y la
responsabilidad de nuestras vidas?
Por eso en algún momento los hijos se van de casa, para que vivan su propia vida, para que cometan sus propios errores y para que se hagan su propia idea del mundo.
Pero los que creen en Dios no quieren irse de casa, quieren que su Dios los proteja siempre. Quieren que su Dios los cuide para que no se caigan, y si se caen, quieren que su Dios los levante, y si los levanta, quieren que su Dios no los vuelva a dejar caer.
No importa lo que suceda, el cristiano quiere que Dios controle cada aspecto de su vida siempre.
¿Qué tal si en vez de cerrar los ojos y levantar las manos al cielo para pedirle que tome control de nuestras vidas, lo hacemos nosotros mismos?
No pueden culparme de impío o de soberbio si en realidad nadie conoce a Dios, aunque estoy seguro de que mucha gente cree conocerlo. Por eso es frecuente escucharlos decir: “a Dios no le gusta esto o aquello” o “cuando usted habla así ofende a Dios”. Hablan como si Dios fuera íntimo amigo de ellos y por eso también hablan en su nombre, como si Dios ocupara un representante humano que hable por él.
Tenemos que
entender que nuestro concepto de Dios es un concepto heredado. Que cualquier
idea que tengamos de él es porque nos lo han enseñado así y no porque tengamos
convicción de ello. Que el concepto que actualmente tenemos de Dios, está
condicionado a este momento y este espacio. Porque de haber vivido en otra
época y en otra parte del mundo, nuestra idea de Dios sería completamente
distinta. Desde ese punto de punto de vista, es hasta irresponsable no dudar de
Dios porque no somos autómatas. Después de todo, por más pequeños e
insignificantes, somos seres pensantes. Y aunque a Dios no se le entiende con
la razón, no está demás usar esa misma razón para cuestionar nuestras propias
creencias. Quizá hasta Dios mismo espera eso de nosotros.

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