De niño nunca fui distraído, todo lo contrario, era yo uno de esos chiquillos que llaman inteligentes, enfocado y concentrado. Siempre listo para obedecer alguna orden o realizar alguna tarea.
Pero el tiempo que todo lo cambia, me ha convertido en alguien muy diferente,
en alguien distraído.
Es por eso que a veces platicando con
alguien escucho una palabra que parece no tener importancia pero que echa a
volar mi imaginación, como si un interruptor se activara en mi cerebro dando
paso a un desfile de pensamientos aleatorios y todos sus hijos.
Hace poco por ejemplo, leía un libro y al toparme con la palabra
"pájaro", me vino una pregunta a la cabeza: De qué mueren los
pájaros?
Mueren acaso de viejos o tienen algún depredador natural que tarde o temprano
logra dar con ellos?
El hombre muere todos los días y de muchas
maneras diferentes, es fácil llevar la cuenta de quienes mueren, pero a los
pájaros muertos ¿quién los cuenta?
Puede que no sea mi pregunta trascendental para la vida sin embargo no deja de
ser una pregunta que busca respuesta.
Y entonces comencé a pensar que quizá nos
desvelamos demasiado por las cosas que creemos fundamentales y dejamos de lado
los pequeños detalles de la vida que consideramos insignificantes.
Quizá estamos demasiado enfocados en obtener éxito, en ser felices, en ser
amados, en cumplir con las expectativas que lo demás tienen de nosotros, en
saber quiénes somos y qué aportamos al mundo y a los demás, en construir
memorias y tomar selfies a donde sea que vamos.
Quizá deberíamos bajar del tren por un
momento, dejar que el mundo siga y que los demás nos tomen ventaja y aguardar
pacientemente el siguiente tren, para sentarnos en la banca y no hacer nada,
para simplemente apreciar ese instante y poder pensar en pájaros muertos.
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