martes, 12 de abril de 2022

Amor de noche

 


           
 

Ella salió a escena
con poca ropa como siempre
y ajustada además,
porque así se ve más ella y porque así lo exige la rutina.

Yo, un poco lejos del escenario,
admiro su soledad desde la mía,
en esta mesa redonda de bar,
y la clásica cerveza en la mano.

Desde acá, observo como su cuerpo gira
una y otra vez sobre aquella tarima,
y como baja suavemente invertida a ciento ochenta grados,
mientras todos la observamos.

El espectáculo es para todos,
pero es más suyo que de nadie más,
por eso yo la miro diferente al resto,
porque disfruto verla siendo ella misma.

Intento saciarme de ella mientras dura la canción,
porque no saldrá más a escena,
este ha sido el último show de la noche,
y mi última cerveza también,
porque después de ella no hay nada.

Mis manos quisieran conocerla,
y sé que están tan cerca de ella como el bolsillo de mi pantalón,
pero no,
no quiero pagar por tocarla,
prefiero seguir soñando despierto con que lo hago.

No quiero acabar con la ilusión del deseo,
ni con la magia de su mirada en el escenario,
perdida, brillante, intensa,
como mis ganas por ella.

A veces pienso que es a mí a quien mira,
y por un momento me creo yo mismo nuestro idilio,
mientras todos la desean a ella,
ella sólo me desea a mí,
después de todo nada cuesta soñar.

Ya es tarde y debo irme ahora,
mi mujer me espera en casa y puede sospechar,
pero volveré,
con la excusa de siempre o con cualquier otra,
pero volveré.

Para verla de nuevo bailando para mí,
mientras piden aplausos para ella por el auto parlante,
volveré para sentir de nuevo las ansias
cuando anuncian su nombre antes del espectáculo,
Joselyn.

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