viernes, 10 de octubre de 2025

La estación

 



     
 

Hoy sí vendrá, de seguro que sí, tiene la certeza, aunque quizá sea sólo que la esperanza se le funde con el deseo, y está viendo zapatos de tacón color café donde no los hay. Ha esperado en la estación del tren seis meses ya, los martes y jueves de 3pm a 6pm en Santelmo. Lunes, miércoles y viernes en Buenaventura de 4pm a 7pm. Algún día tendrá que pasar por acá, se convence, es lo más lógico. Ya es capaz de reconocer los rostros familiares de completos desconocidos. El hombre de gabardina gris pasa los martes tomado de la mano de una chica evidentemente menor que él. Los jueves pasa de la mano también, con una mujer muy cercana a su edad, o al menos es lo que aparenta. Hay una madre soltera que pasa por acá con su niño corriendo siempre detrás de ella, queriendo apurar el paso, recogiendo los lápices de color que caen a su paso. Un hombre triste se sienta los lunes a fumar un cigarro junto a su banca, siempre con la mirada caída, la ropa mal planchada y los zapatos sucios.

Para estas alturas conoce mejor que nadie la estación del tren, los horarios de limpieza son siempre los mismos. Pero vale la pena, porque si ella vive en el interior, tendrá que pasar por aquí cuando venga a la capital, por trabajo o por completar algún trámite gubernamental, de esos que te obligan a subirte al tren y lidiar con el ritmo de la ciudad. Tiene que pasar por aquí alguna vez, se dice siempre para alimentar la esperanza. Aún si no trae los mismos zapatos café, sabrá reconocer el ritmo de su andar, o la forma delicada en que mueve sus caderas al caminar. La invitará a salir cuando la vea, después de un hola claro. Se frecuentarán y poco a poco se enamorarán. Se casarán y si Dios quiere tendrán hijos también. Se jubilarán y disfrutarán del tiempo libre y de sus nietos. Tiene que pasar por aquí, está seguro.

 Lo que no sabe nuestro amigo, es que ella viaja a la capital todos los días, siempre en el mismo bus.

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