Es cierto que a veces en la vida te encuentras
andando en caminos de gelatina,
y delante de ti un par de flechas en dirección opuesta,
sobre el camino truncado ambos caminos parecen viables,
la pregunta es siempre inevitable y la respuesta es siempre incierta,
hacia donde ir? Que camino escoger?
cual camino esconde el arco iris al final del viaje?
hay tantos involucrados en el camino,
y siempre de último: uno mismo.
La cabeza, los recuerdos, las sensaciones,
las responsabilidades, la lógica, el sentido común,
todos ellos peleando contra el corazón,
que no se fija en nadie mas que en él mismo,
que no le importa nada más que su propia satisfacción,
que concuerda siempre con la satisfacción del deseo.
Quisiera uno a veces echar un vistazo al futuro,
sería tan fácil si se pudiera,
no haría falta madurar y
no habrían arrepentimientos,
pero en ese intento estúpido echa uno a volar la cabeza,
como si fuera la mente una paloma mensajera,
y así va uno escudriñando los relieves de cada camino,
las montañas de uno casi siempre coinciden
con las depresiones del otro.
No se muy bien si se entiende lo que digo,
quien ha emprendido el viaje sabrá entenderme.
Al final las palomas regresan cada uno por su lado,
se posan en mi cabeza y empieza la lucha,
a veces termino agotado y aun más confundido,
y decide uno aplazar el viaje a ningún lado,
esperando que el destino le eche una manita,
o mejor aún,
que termine de empujarlo en el camino… el que sea.

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