viernes, 10 de junio de 2011



Es un monstruo que nos persigue a todos.
Es un parasito que nos carcome el alma.
Es un virus que se instala en el sistema de nuestros días,
Es también un Dios al que, como cualquier otro,
consagramos nuestro tiempo,
y al que no podemos fallarle,  por que sería como fallarnos a nosotros mismos.
La adoración a su imagen  conlleva una serie de requisitos y sacrificios,
a los que accedemos sin mayor reluctancia.
Y en esa actitud vamos postergando la propia satisfacción,
la superación, la felicidad misma.
Nos cobijamos con su calor
y escondemos nuestros miedos en su costilla,
miedo al intento pero sobre todo miedo al fracaso,
miedo a quedar en medio del camino sin saber que hacer,
nuestros miedos e inseguridades lo alimentan, lo nutren,
renunciamos a un pedazo de nuestra esencia,
pagamos tributo, desmembramos el alma,
y aun sabiéndolo no nos importa.

Su multifacético aspecto nos ofrece igual número de posibilidades,
desde la televisión hasta el Facebook,
putas seductoras que bombardean nuestros sentidos,
que nos ofrecen el producto de la procrastinación
en nombre del entretenimiento, la información y la amistad.
Aferrados a su doctrina vamos cayendo en conformismos y depresiones,
y decidimos atrasar lo elemental para darle cabina a lo vanal,
y en el intento triunfamos.
Poco a poco el Yo real va siendo desplazado por el Yo virtual,
por que es a quien mas tiempo dedicamos, pero sobre todo,
es a quien mas nos interesa mantener actualizado,
nuestros esfuerzos y deseos van siempre en busca de
de satisfacer al Yo 1.0;
construimos mundos intangibles,
establecemos relaciones virtuales,
destruimos nuestras inseguridades,
que seguramente nos estarán esperando con la luz encendida
una vez que decidamos regresar a la realidad.

Por que hacer hoy lo que puedo hacer mañana?
Y por que hacer mañana lo que puedo hacer después?
Y aún mas simple, por que hacerlo?
si la Procrastinación 1.0 incluye en su paquete
la guía completa para la postergación.
Tengo que empezar a estudiar… primero tengo que disfrutar.
Tengo que adelgazar… después del almuerzo.
Tengo que ponerme a trabajar… después de la siesta.
Tengo que dejar de fumar… después, después.
Tengo que dormir… después de Internet.
Tengo que amar… después de Internet.
Tengo que escuchar… después de Internet.
Tengo que hacer el amor… después de Internet.
Tengo que vivir… vivamos ahora!
Recordemos que el tiempo perdido nos guarda rencor.

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