jueves, 2 de junio de 2011

La congruencia indiviso


Es una lucha desgarradora y constante
esto de mantener la compostura ética.
Ser congruente con uno mismo es una muy difícil labor,
es quizá la más difícil de las tareas diarias que nos toca enfrentar.
Nos damos al mundo llenos de ideas y puntos de vista,
como en una feria exponemos nuestros pensamientos,
y vamos repartiendo juicios y sentencias
a cuanta noticia y chisme llegue a nuestros oídos.

Y en esa manía: odiamos al ladrón,
despreciamos al político,
humillamos a la prostituta,
tachamos la discriminación,
apoyamos los movimientos sociales Pro-igualdad,
promovemos la paz mundial,
predicamos tolerancia,
somos cultos, preparados, buenos lectores,
fieles, moralistas, verdaderos cristianos,
solidarios, buenos padres, mejores hijos,
incondicionales amigos,
todo esto y sin embargo la vida nos verá alguna vez
mancillando algún punto en la lista.

Para enfrentar al mundo y hacer diferencia,
es necesario una abundante dosis de carácter,
necesario elemento para aferrarnos a nuestra manera de pensar
y no a nuestra manera de vivir.
Pensar en base a lo vivido no es más que dar excusas,
pero vivir de acuerdo al pensamiento es una
tarea tanto heroica como ardua en estos tiempos.

Tiempos en los que la vida resulta más simple
si dejamos ser absorbidos por la masa consumidora,
asesina y carroñera de lo auténtico.
Tiempos en los que los medios amarillistas
enardecen las mentes con poca información.
Tiempos en que la moda decreta leyes, normas
y guías de conducta.
Tiempos en los que no contar con una cuenta en Facebook
es el equivalente a una evidente muerte social.
Tiempos en los que la palabra amigo
ha sido transgredida y simplificada a un click.

Ser congruentes con nosotros mismos implica
una clara disposición al desprendimiento social moderno,
y todo lo encerrado en su dogmático evangelio,
quien piense que esto no es así,
podrá declarar mustio el día de su muerte,
por que habrá abandonado su cielo.

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