Justamente hoy,
sentado en
este escritorio de oficina,
en una tarde
lluviosa,
es que vuelve
la memoria a aquellas tardes,
tardes de escuela y
colegio.
Los charcos
en las calles y las canoas altas
eran mis
mejores amigos,
aun sabiendo
que en casa me esperaba
el ceño
fruncido de Mamá.
Y un amigo
me recuerda que no estoy solo en mi nostalgia,
que somos
niños vueltos viejos,
con ganas de
cerrar los ojos y volver empapados a casa,
para disfrutar
de aquel chocolate caliente,
y gastar el
resto de la tarde entre fábulas y siestas.
Y es triste abrir
los ojos para encontrarme sentado en esta silla,
vestido de
responsabilidades de pies a cabeza,
recordando
el olor de la niñez,
o al menos intentándolo.
Sigue lloviendo
afuera y sin embargo,
ya nunca más
volvió a llover como entonces.

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