La expansión del universo,
el temblor de mis manos en tu
espalda,
la Tierra girando a 1600 kilómetros
por hora,
el hipnotizante aroma de tu cuello
en la mañana,
el sol naciendo a las 5:47 de la
mañana,
la calidez de tu respiración en mi
pecho.
Todas son pruebas de que el mundo
existe
y que existimos nosotros con él,
y las infinitas formas que toma la
vida para existir
son tantas como las formas que se me
ocurren para amarte.
Desde el centro del mundo,
y desde mi pecho desnudo voy amándote.
Con la velocidad vertiginosa con que
las ciudades caminan,
late mi corazón junto al tuyo.
Si el mundo se apaga y los mares se
calman y se vuelven lagos,
si las cuerdas de mi guitarra no
suenan al acariciarlas,
si los arboles caen y las mariposas
vuelven a su capullo,
si mis lágrimas vuelan del suelo a
mis mejillas,
si todo se acaba y nada es ya
cierto,
hasta el último latido quedaré yo…
y este amor que te tengo.

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