Enterradas debajo de años y años
quedaron nuestras risas infantiles
para dar campo a lo que hoy somos.
Pero no puedo evitar echar la vista
atrás
para recordar las cosas que, junto con
nosotros,
quedaron también allá.
En algún lugar del pasado quedaron:
los vasos desechables partidos a la
mitad,
los parches de bicicleta,
las bolas de futbol en el techo,
las envolturas de tantas y tantas
galletas,
las tenis para correr más rápido,
la chaqueta de mezclilla,
los soldados de plástico junto con
las bolinchas,
el Nintendo japonés,
los carritos de colección y los
yoyos de Coca Cola,
el carro de cuerda de las Tortugas
Ninja,
las fichas de las maquinitas…
Te acordás mi hermanillo?
Cómo jugábamos con todas esas cosas
del pasado?
Y fuiste vos mi mejor compañero de
juegos
y compañero de peleas,
que siempre terminaba yo perdiendo.
Ayer fuimos niños y reímos tanto
que nos dolía el estómago.
De todas las cosas del pasado,
no conservo nada,
tan solo el recuerdo de haber estado
ahí,
y de haber nosotros sido:
amigos desde siempre.

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