Mis dedos
en carne viva es busca de una piel,
se derraman las ganas de un beso,
otro beso.
Tuve que hacer de su cuerpo un oasis donde descansara mi lengua,
y de su sexo una cueva para refugiar el mío.
se derraman las ganas de un beso,
otro beso.
Tuve que hacer de su cuerpo un oasis donde descansara mi lengua,
y de su sexo una cueva para refugiar el mío.
En la suavidad de su piel pude
aterrizar mis labios,
y en la blancura de su cuerpo me
hice noche.
Anclado a su cuerpo en un abrazo las
horas se hicieron cortas,
e hice mío su aroma,
que inhalé a placer,
a vista y paciencia de la noche.
Aquella cama se hizo refugio,
y sus valles se hicieron mis
montañas,
y por un corto tiempo, cuando abundó el silencio,
fui de nuevo yo.

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