Porque aunque no me molesta lavar
los platos sucios, me gusta más cocinar...
Porque insistes en dejar el jabón de
baño en el piso...
Porque la toalla no va en el suelo
sino en el tendedero...
Decidí irme porque me cansé de
buscar sin éxito aquella ternura
que tanto abundó en tus gestos alguna
vez,
nunca más la volví a ver,
y la extraño en tus palabras y en
las cosas que haces también,
era el agua que me dabas y morí de
sed.
Decidí irme porque por más que intento,
no logro hacer una lista de cosas
que admiro en vos.
Porque no me gustan las injusticias...
Porque no sos amable...
Porque tu generosidad rara vez
traspasa más allá de vos.
Decidí irme porque sigues con enojo,
y aunque no es conmigo,
sigo siendo yo quien paga los platos
rotos.
Me voy porque estoy roto y necesito
remiendo.
Me voy porque de los dos no se hace uno
y soy el único dispuesto a hacer algo al respecto.
Me voy porque juraste nunca pegarme y sin embargo lo hiciste.
Me hubiera ido como dijimos que pasaría,
pero sabrás entender(o no) que no se pudo,
que hay heridas que duelen
y no hay quien quiera sanarlas.
Me voy porque de los dos no se hace uno
y soy el único dispuesto a hacer algo al respecto.
Me voy porque juraste nunca pegarme y sin embargo lo hiciste.
Me hubiera ido como dijimos que pasaría,
pero sabrás entender(o no) que no se pudo,
que hay heridas que duelen
y no hay quien quiera sanarlas.

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