miércoles, 13 de noviembre de 2019

Felicidad << Satisfacción



                                          


Cuando tenía 31 años tomé una decisión importante en mi vida. En su momento lo hice aduciendo ir en busca de mi felicidad sin importar qué o quién. Desde entonces he podido disfrutar más libremente mi vida y las decisiones que tomo en ella. No es que todo eso estuviera mal pero quizá equivoqué el método sin saberlo.

Entonces veía la felicidad como una meta a alcanzar, como un premio a conseguir, como la medalla dorada de Ralph el Demoledor, como la razón por la cual venimos al mundo, como el bien último de la existencia humana.
En el momento no pude darme cuenta que estaba superponiendo la felicidad sobre la satisfacción. Cada cosa de la que he tenido certeza en mi vida ha resultado no ser cierta después, esta no fue la excepción.

Cinco años después puedo decir que los momentos satisfactorios han sido mejor que la felicidad misma, o la búsqueda de ella. Mientras siga viendo la felicidad como una meta, nunca podré ser realmente feliz. Buscar la felicidad es como correr en la banda del gimnasio, gastas mucha energía en ella y no te lleva a ningún lado. Por eso ahora creo que debemos anteponer los momentos de satisfacción a la felicidad. Una carne asada con la familia, un café con un amigo, un partido de futbol, unas cervezas después del trabajo, un beso furtivo y por qué no hasta una noche de lujuria.





En cinco años volveré a escribir para decir que estaba equivocado de nuevo, es probable, pero parte de procurar la satisfacción consiste en vivir el momento responsablemente sin pensar mucho en las mil posibilidades que se derivan de nuestras decisiones. No creo entonces que la felicidad sea un estado constante, como sólido o líquido; es más bien la sumatoria de muchos momentos de satisfacción; es como un rompecabezas de piezas infinitas, con cada pieza que colocas todo va tomando más forma sabiendo que nunca llegarás a completarlo.

Como ingeniero que soy, me gustan las matemáticas, pero me gusta también el arte. Mi mente procesa los acontecimientos cotidianos de manera lineal, donde todo tiene un lugar y una razón de ser, donde todo está puesto de manera tal que cumpla con un propósito final. Es el Método Científico aplicado hasta en las tareas más simples de mi día a día. Esto me convierte entonces en una persona muy esquematizada. La variable de indeterminación que se introduce en mi vida es el arte. El arte es desorden, es caos y me gusta la forma en que el arte viene a poner de cabeza mi mundo porque al arte no le interesan las matemáticas o los métodos de cálculo, no le interesa la estadística ni las rectas de mejor ajuste. El arte va y viene como y cuando le da gana. Es una suerte entonces que, siendo ingeniero, me guste tanto el arte. Porque al ingeniero le interesan los resultados, osea la felicidad. Pero al artista le interesa más el momento osea la satisfacción, porque es todo lo que tiene.
Es por eso que quizá ahora sea más Artista que Ingeniero, pero es gracias al financiamiento económico que proporciona el ingeniero que el artista puede existir. Reconozco entonces la importancia de ambos.

La idea principal entonces es: aprovecha el momento (carpe díem), deja que todo fluya naturalmente. Cuando caigas disfruta el sabor a tierra y disfruta el dolor. Cuando triunfes disfruta la gloria y el reconocimiento. Cuando ames, ama sin condiciones, olvida el método científico, no todo tiene por qué tener una lógica. Dale el reconocimiento a quien lo merece, no seas injusto con los demás. Cierra los ciclos para abrir nuevos y poder disfrutarlos sin rencores ni remordimientos.
Déjate caer, tírate hacia atrás, no pienses tanto! no pienses tanto!

Mis 5 céntimos…

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