miércoles, 12 de agosto de 2020

Reencuentros



Para decir adiós, dejamos que nuestras manos abiertas se agiten a la distancia,
tiramos besos que viajan en el aire en búsqueda de otro que salga al encuentro,
lanzamos miradas que dicen las palabras que la boca no se atreve a decir,
damos abrazos que son más largos y más fuertes,
y que llevan el sentimiento amargo del Adiós. 

Cuando decimos adiós,
nunca sabemos si será para siempre,
porque hay reencuentros que deben esperar más allá de la vida.
Hay que agradecer entonces el tener la posibilidad de poder decirlo en vida.

Es por eso que celebramos velorios y funerales,
para poder decir las palabras y pronunciar los discursos,
que bien sabemos no pueden ser escuchados por quien se ha ido,
pero que de alguna manera nos reconfortan.

Hay partidas que nos dejan dolores,
que como perros fieles nos acompañan toda la vida.
Los hijos que extrañan a sus padres,
las madres que no tuvieron vida después de la desaparición,
todas aquellas personas que ya no están y que no volveremos a ver,
y con las que ansiamos tanto el reencuentro.

Quizá todas ellas ya se han reencontrado,
y esperan a que tarde o temprano nos unamos,
para darnos ese abrazo y ese beso,
para decirnos: "te extrañé, qué bueno que estés aquí",
y no tener que decir adiós nunca más.

Es entonces la esperanza del reencuentro el consuelo de los vivos,
y la promesa de los que se marchan.
Todos tenemos a alguien a quien extrañamos todos los días,
y por quien esperamos nuestro reencuentro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario