Es como un carrusel esto de encontrarse a uno mismo,
mas bien dicho de buscarse.
En el intento por decir lo que siento y lo que pienso se me gastan los días.
Es una masa esto de aglomerar ideas y pensamientos,
sentimientos, caras, cuerpos, personalidades, hechos y noticias,
y tratar de hacer de todo esto una opinión o al menos algo que se le parezca.
Si pudiera hacer algo tan simple como decir lo que pienso
y que además se me entendiera…
Si pudiera con palabras dejar plasmados mis sentimientos,
sin importar si hacen o no eco.
Entonces podría ser más yo mismo,
compartirme, hacerme sentir, dejarme caer hacia atrás.
Casi siempre nunca entiendo por que me es tan importante
describir los rincones de mi cabeza con palabras,
sea o no que despierten emoción… o algo que se le parezca.
Dibujarme con letras resulta cada vez mas necesario,
aunque de las musas ni siquiera el rastro he llegado a ver,
ni sus caricias he llegado a sentir
y mucho dudo que sepan mi nombre.
En el intento de darme a los demás me encierro en laberintos,
los laberintos que construyo con cada paso hacia delante.
En sus paredes cuelgan retratos de gente que me enseña de amor,
en el suelo pedazos de poemas a medio terminar,
ideas a medio escribir, besos prisioneros y caricias encadenadas.
Quiero tanto hablar de todos ellos… y no puedo.
Cuando algún pensamiento prófugo escapa a la realidad,
debe darse a la tarea de combatir contra el resto del mundo.
Y aunque a veces encuentro aliados,
seguimos aun siendo pocos,
como pocas las maneras que encuentro para darme a entender.
Sin embargo sigo haciendo
en papel y con lápiz: mi labor,
De la pasión: un deber,
y de los sueños: un futuro alcanzable,
para seguir creyendo que un mejor mundo es posible.

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