martes, 26 de abril de 2011

Ucronía: II Parte

Sin que importe el tema desahogo por fin mis ganas de conversar,
tratando de ocultar al mismo tiempo el terremoto en mis manos.
Mientras que de su boca expulsa aromas en forma de palabras,
yo escarbo un poco mas hondo y voy fijándome en sus gestos,
es entonces que estudio el movimiento de sus labios al hablar,
y percibo el jugueteo de sus dedos sobre la mesa.
Cautivadora es la forma que tiene de apoyar el mentón sobre sus manos,
inclinando la cabeza a sesenta grados exactos,
para escuchar lo que tengo que decir.

Siempre me ha gustado la complicidad que provoca la luz de una vela,
pero es solo ahora que aprecio su desabrida simpleza,
sino no la veo reflejada en sus ojos,
esos ojos ahora amarillos que me recuerdan el sol,
no por su color sino por su calidez y su fuerza.
Su mirada me penetra como una flecha,
y sin armadura ni protección,
mis sentidos quedan clavados en su presencia.
El tono de su voz es fiel reflejo de la ternura de su rostro,
y es esa ternura la que alimenta mis ganas de acariciarla.

Mientras que entre trago y trago se nos gasta la noche,
voy pensando en la forma certera de plantear la pregunta.
Sin ninguna otra excusa que el nacimiento del sol,
disparo a quemarropa y ella contesta que si.
El furioso volcán de mis emociones explota dentro de mí,
y la ilusión no encuentra disimulo en la expresión de mi rostro.

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