viernes, 29 de abril de 2011

Ucronía: Parte final

De camino a casa en el taxi,
las manos juguetonas se rozan,
son la antesala de las caricias.
Sin poder contener el instinto de mis emociones,
empiezo a derramar besos y caricias sobre su cuerpo,
mientras la mirada curiosa del taxista por ratos espía en el retrovisor.

Una vez en casa y sobre la cama,
hacemos de los besos un único lenguaje,
de los gemidos una clara invitación al placer,
y con la ropa a un lado,
ofrecemos los cuerpos al libertinaje.
Nuestros sexos húmedos y en contraposición,
se encuentran y se entregan a la batalla,
como dos masas que chocan y se estremece la tierra.
Es entonces que en la cúspide de nuestras sensaciones corpóreas,
derramo mi gracia dentro suyo,
como un jardín escondido regado por la lluvia.

Los exhaustos músculos difunden sus últimas convulsiones,
las puntas de los pies estirados a mas no poder,
luego, como en un carrusel,
las sensaciones se precipitan hacia el suelo,
los cuerpos se relajan, se separan y volvemos  a ser humanos.
De un beso venimos y con un beso terminamos.

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