Cuando Ana
se puso sus pantuflas esa mañana, no
imaginaba que la carta le esperaba ya metida en el buzón. Bajó las escaleras y tomó un café, cómo todas las mañanas de fin de semana, cuando el
trajín por salir de casa no le obliga a desayunar en la oficina.
En fin,
mira por la ventana mientras sorbea su café. No le lleva mucho tiempo notar que
el cartero ha pasado por su casa. Con cierta tensión en el pecho sale a revisar
el correo. Entre recibos, publicidad y cuentas por pagar ve su carta, le toma por
sorpresa aunque es la que ha estado esperando. Por un momento su respiración se
detiene, el mundo también.

No hay comentarios:
Publicar un comentario