Una explosión millonaria de átomos
en mi cabeza,
la vaga silueta de su imagen,
la vida comprimida en el instante
en que la luz vuelve a mí.
Solo el hemisferio derecho de mi
cerebro
logra responder a la inmediatez de
este instante,
como si no existieran las palabras,
y los libros y la poesía fueran un
aroma.
El agua no cae más de las cataratas,
y la luz de los cometas es perpetua,
no hay movimiento en la respiración
del mundo,
está contenido en esta capsula
infinitesimal.
De todas las notas que existen,
sólo una cabe en este instante,
un “Mi menor”
con el que empiezo y termino en mí
mismo.

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