A veces siento que intento escribir el
mismo texto una y otra vez,
con diferente título y diferentes
palabras pero con la misma intención.
Es como si mi cabeza fuera un laberinto
con múltiples caminos pero sólo una salida
y no importa lo que haga o a dónde
vaya,
termino siempre ahí.
Es como cuando se me desbordan las
ganas de un beso,
o cuando quiero decir te quiero,
cuando limpio mi habitación
o cuando descubro un lugar nuevo donde
comer,
todo termina siempre en vos,
hasta las cosas mas simples.
Ya ves cómo soy, demasiado
predecible...
Y las palabras que escribo son como
agujas en la piel,
duelen,
aunque sea yo mismo quien las escribe.
Tampoco es culpa mía,
salen solas,
tienen vida propia,
y son como chiquillos malcriados que
actuan a su antojo...
y confabulan entre ellas para deletrear
tu nombre.
Mis palabras me conocen más que yo
mismo,
saben que existen gracias a ti,
e intentan reproducirse como colonia de
hormigas.
Son kamikazes mis palabras cuando se
estrellan contra tu corazón blindado
y las desprecias, como quien no le importa.
Qué irónica la vida de mis palabras,
ellas existen sólo por ti,
y tu sigues sin querer quererme...

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