tus zapatos en la entrada,
tu rara sensibilidad por el frío,
nuestro gusto compartido por el helado,
tu rechazo al chocolate
o al fresco de naranja con zanahoria
y tu pasión desbordada por el de chan...
Esa palabra de cuatro letras con la que solías llamarme,
tu ropa colgada en mi armario,
tu cinturón tan peculiar,
la sensibilidad de tus orejas...
Tu facilidad para dormir frente al televisor,
tu voz suave y apenas perceptible en las noches,
tu obsesión por Juego de Tronos,
tu admiración por el Suzuki Vitara (el negro con caqui),
o aquél gesto tierno que hacías con tu boca...
Tu fascinación por los camarones empanizados,
o por aquél platillo italiano que cocinaba para ti,
tu necia insistencia por limpiar mi casa,
tus zapatos angostos para tus pies anchos,
tus caricias debajo de la mesa...
Son extrañas las formas que encuentro para recordarte
y sin embargo,
lo sigo haciendo…

No hay comentarios:
Publicar un comentario