jueves, 11 de julio de 2019

El mono Ramón



En la jungla donde habitan tantas especies de plantas y animales diferentes, vivía un mono llamado Ramón. Ramón era un mono saltador, se pasaba las horas saltando de rama en rama, ni quisiera comer bananas le gustaba tanto como hacer eso. El momento en que Ramón se suspendía en el aire le provocaba un gran sentido de libertad y paz.

  • Es una lástima que el salto dure tan sólo unos cuantos segundos, decía Ramón. Si fuera pájaro podría ser verdaderamente libre.

Los mejores amigos de Ramón eran precisamente pájaros con los que hablaba en las copas de los árboles. A los otros monos no les gustaba eso y se burlaban de Ramón llamándolo con nombres ridículos como “el mono pájaro” o el “pájaro con cara de mono”.

A Ramón no le gustaban esos nombres y no entendía por qué a los otros monos les importaba tanto lo que él hiciera o dejara de hacer. Él sólo quería hacer lo que más le gustaba en paz.

Duncan, el tucán que era su mejor amigo, siempre le decía que no hiciera caso a las burlas.
  • Para ti decirlo es fácil Duncan, eres un pájaro y volando puedes escapar a donde no escuches la voces de burla, pero yo tengo que quedarme aquí y escucharlo todo.
  • Si no quieres escuchar las burlas dijo Duncan, entonces no andes diciendo que quieres ser pájaro y has más cosas de mono como comerte los piojos de los otros monos.

  • Si hiciera eso Duncan, dejarían de burlarse pero no me sentiría feliz. No podría disfrutar de la libertad que tanto me gusta cuando por un momento puedo volar.

  • Bueno, no puedes tenerlo todo Ramón, o haces lo que te hace feliz a ti o lo que hace feliz a otros.

  • Suena fácil lo que dices Duncan, pero te juro que no lo es.


Ramón intentó hacer lo que su amigo Duncan le dijo, empezó a comer más bananas, a hacer payasadas y a comerse los piojos de otros monos, todas las cosas que se suponía bebía hacer para ser más mono y menos pájaro. Todos estaban muy contentos con Ramón, hasta una novia le consiguió su mamá, se llamaba Jovita. A Jovita no le gustaba saltar de rama en rama porque era muy peligroso y se podía lastimar.

Un día caminando por la selva Ramón se encontró a Duncan comiendo algún fruto del suelo.
  • Hola Duncan, tiempo sin verte amigo!

  • Hola Ramón, cómo has estado?
  • No sé, ahora como más bananas y hasta tengo una novia. Mi mamá está muy contenta y los otros monos ya no se burlan de mí.
  • Qué bueno Ramón, cómo me alegra saber que eres feliz ahora.

  • Nunca dije que fuera feliz Duncan, sólo dije que todos son más felices conmigo haciendo cosas de monos y no queriendo ser pájaro.

  • Vaya amigo mío, no quisiera estar en tu lugar, sería muy difícil para mí. Luego Duncan se alejó.

Un día Jovita y la mamá de Ramón lo andaban buscando para ir a comerse los piojos de unos familiares, cuando vieron a Ramón saltando entre los árboles y agitando sus manos de manera inusual.

  • Ramón qué demonios haces allá arriba!? Dijo su madre.

  • Qué acaso no lo ves mamá!? No ves lo mucho que estoy disfrutando esto!?
  • Baja ya y déjate de tonterías! le dijo Jovita. Qué van a pensar los otros monos si te ven!? Qué pensarán de mí!? Que soy la novia de “ el mono pájaro”.

Ramón volvió a ver a su madre y a su novia, una lágrima empezó a rodar por su mejilla.

  • Realmente he tratado de ser como ustedes quieren que sea, pero ya ni puedo ni quiero seguir haciéndolo, dijo Ramón.


Y se marchó saltando de rama en rama. Lo vieron dar un salto enorme y espectacular mientras agitaba sus alas como queriendo volar. La única diferencia de ese salto con todos los saltos que Ramón había dado en su vida es que del otro lado no lo esperaba un árbol, lo esperaba la nada porque Ramón había saltado al vacío, había saltado al borde donde ya no había jungla.


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