miércoles, 3 de julio de 2019

El primer amor



          


Tenía yo unos once años,
ella era un poco menor, no mucho.
Su piel era blanca
y sus rizos dorados,
mirarla era como mirar directamente al Sol,
era insoportable su belleza para mí.

Tenía camanances en las mejillas,
eran como dos agujeros negros porque yo me perdía en ellos.
Sus ojos azules,
como para pintar el cielo de un día despejado,
redondos y penetrantes,
y yo hecho de papel...

No había observado yo nunca tanta gracia
contenida en un sólo cuerpo,
al caminar, al sonreír
o simplemente al existir,
y aunque éramos vecinos
la sentía muy lejos de mí,
tan distante como Marte.

No tenía yo la malicia que me sobra ahora,
así que soñaba despierto con tomar su mano,
nunca sucedió,
había tardado demasiado
porque se hizo novia de mi amigo del barrio...

Ella era un sueño imposible.
Se llamaba Natalia
y con once años,
yo sentía que la amaba.

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